jueves, 31 de diciembre de 2020

Chao 2020

¿Quién nos lo iba a decir?

La RAE ha elegido
como palabra del año
"confinamiento".
Otras candidatas han sido
"Coronavirus", "pandemia",
"teletrabajo", "resiliencia"
o "sanitarias", 
bueno,
mejor dicho "sanitarios",
porque se niega
a contemplar
el lenguaje inclusivo.
Este es el resumen
para quién haya
sobrevivido.

La realidad
es que no habrá
diferencia
entre
el día 31,
el comerse las uvas
y el día 1.
Todo seguirá 
siendo lo mismo
excepto por la vacuna.

Este año ha habido
demasiadas muertes.
Ha crecido la equidistancia
exponencialmente.
Hemos perdido
un tiempo irrecuperable.
Y la falta de contacto físico,
ha marcado nuestros
días, semanas y meses.

De los aplausos 
a las ocho 
no aprendimos nada.
Del confimiento estricto
de la infancia
nadie sacó conclusiones,
cuarenta y dos días
maratonianos
sin ponerse los zapatos,
sin pisar la calle,
sin tragarse el aire.
Lo que unieron
las videollamadas,
nos lo cargamos
inmediatamente
en los reencuentros
por nuestro
antiguo egoísmo.
Y luego están
los negacionistas,
seres que parasitan
las vidas de los otros.

Nacimos para estar
en guerra,
para enfrentarnos
contra nuestros
hermanos.
Es la carencia y el hándicap,
pero no lo criticaré demasiado
porque no creo
en un único bando.
Significaría
compartir algunos espacios,
ciertas ideas
y algunas manos
con personas
con las que me nace
el concepto asesinato.
Así que mejor
cada una por su lado,
ya buscaremos
la paz en tu cielo
y la solidaridad 
en mi infierno.

Al mismo tiempo
celebro el hecho
de tener que regar
nuevos campos.
Saco pecho
por las conquistas
de mis amigas
y sufro,
en silencio y con miedo,
las posibles pérdidas.
Acompaño
a mi hijo
y mi diosa
lo mejor que puedo.
Me regalo
a los abrazos
y no me olvido
de los besos.
Intento cuidar
a mi familia
y a mi ejército
de extraños.
Combato el veneno
con esfuerzo,
rabia y sueño.
Y tengo en cuenta
a quien tengo 
que tener en cuenta,
sin compromisos,
sin presiones,
con el puño bien cerrado
y los dientes apretados.

2020
tan simétrico
en sus cifras
como irregular
en sus enfermedades mentales.
Mentiría si dijese
que te voy a echar de menos,
pero cuento contigo
por lo acontecido
y por el advenimiento.
Leo, escucho y observo
como si fuera lo único
que me mantuviese
despierto.
Amo, deseo y respeto
como si nada de esto
fuese cierto.
Lucho, trabajo y me comprometo
a no arrodillarme,
solo ante las humildes.

No necesito permiso
para escribir
en primera persona
del singular.
En general,
deseo vida,
aire limpio
y desentubaciones.
En lo personal,
sin pizca de disimulo,
deseo algún que otro
susto y atragantamiento.

Chao 2020.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Año 2. Después de Enzo.

Visito el relato. 
que te escribí
para tu primer
aniversario.
Me sabe a Marcos
y me huele a Ana.
Siento que soy
aquel preso
entre cuatro 
paredes opacas
y sin barrotes
que rogó clemencia
a los árboles,
la campo,
la cielo,
a los pájaros.

Dos años ya, joder.
Más erguido y sin rizos.
Pelo claro y alto,
alerta antifascista,
cresta.
Tres manchas
en el cuerpo
y dos ganglios
como dos ovarios
(los que a mí me faltan).

Tienes más kilómetros
que todo el tiempo
que duró
el confinamiento;
y tienes más horas de parque
que las que pasé yo
en aulas universitarias.

Comunicas incesante
tus demandas
medio hablando
en un lenguaje
que bien los malos
considerarían clandestino.
Porque la mitad de España
quiere fusilarnos
a la otra mitad
que utilizamos le lengua
como armamento cultural
y para besar fuerte.

Con la derecha
me das la mano
y con la izquierda
sujetas un palo Zamorano
a modo de autodefensa.
Apoyo mutuo,
"Ni paz entre clases,
ni guerra entre pueblos".
Por eso seguimos madrugando,
para cosernos
las horas perdidas
de los noctámbulos.
Por eso te sigo dando
el biberón en el regazo,
para desquitarnos
los errores
entre hermanos.
Y por eso 
te sigo aupando,
para que entiendas,
desde mi altura,
aunque tengas 
los ojos vendados.

En toda esta aventura
nos acompaña y lidera
tu santa y sagrada Madre, 
porque en La Mariana 
no nos caben
las biblias,
ni el laurel,
ni las espinas.
Animales si,
que para eso
venimos de donde venimos.

Tu ergonomía
para los abrazos.
La melodía del ritmo,
tu sinfonía.
Tu empatía de barrio
para con los que
te sacan una cabeza.
Tú alegría
para los cobardes
que no salen de tristes.
Tu compañía para
los que se les
ha muerto alguien.

Fíjate bien en lo que te digo,
pero sobre todo,
fíjate en cómo
te lo escribo
porque nadie
se atreverá 
a hacer lo mismo.
Nadie te mirará
tan fuerte,
capaz de apagar el Sol.
Nadie te regalará
una ciudad
como la que llevo
años dibujando
en mi hipotálamo.
Nadie te dolerá tanto
como el día que te falte.
Lo siento,
te lo adelanto.
Nadie en muchos años,
se sabrá tu cuerpo
de memoria
como me lo sé yo.
Y nadie,
tampoco dioses inútiles,
te apartarán de la verdad,
porque tú eres ciencia,
credo y humildad.

Como me decía
tu abuela:
"Hijo, no seas guapo,
tú atractivo
y buena persona".
Y antifascista,
añade tu padre.
Sé lo que quieras,
menos cura
y de derechas.
Hipocresía cero,
luego,
que me tachen de lo que quieran.
¿Presiones familiares?
La peor de las enfermedades.
Por eso me anticipo
y te pido perdón
por mis errores.
Puedo resultar
coherentemente
contradictorio.

El caso es que
cumples dos años
y ésta
es otra manera
de celebrarlo,
contándole a la gente
que te rodea,
cómo te veo
por dentro y por fuera.
Bien me follaba
este cuaderno
relatando
tu historia,
pero me debo a más gente,
a alguna que otra persona
y a ninguna cosa.

Cachorro del Invierno.
Hijo de la niebla.
La única hoja
del árbol seco.
Último mes del año.
Poema del viento.
Preso del río
nacido del fuego.
Compás de la tierra
y música,
esparce cenizas
de polvo y hueso
de lo que siempre
llamaremos libertad.

Nadie te podrá negar
la existencia,
ni el caos que produces
entendido
como la pedagogía
que nos hace(s) falta.
Te lo prometo.
Te lo relato.
Te lo recito
mi querido
Enzito.

_Esto no es un texto se amor a mi hijo,
es un ensayo de amor político
sobre mi hijo.
A tus dos años_

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Batman es socialista

Somos las primeras
y únicas en el mundo
en pronunciar
dichas palabras.
El texto es sólo una excusa.

Porque Batman come
tortilla de primero
y canelones de segundo,
se emociona 
con las baladas jocosas
y cree en la igualdad
social y económica.
Su corporación
es una tapadera,
y por las noches
folla con Robin
obviando 
la delincuencia
de Gotham.
Las mal llamadas
delincuentes
de la ciudad,
solo son ciudadanas,
trabajadoras, vecinas
y compañeras,
madres o no,
socializando
los medios de producción.
Luego ya veremos
si cuentan con el Estado,
mientras tanto,
Catwoman,
supera la barrera
del amor romántico
y su rol de secundaria,
emancipándose
de la opresión intrínseca
de los hombres.
Batman es socialista
aunque utilice iPhone,
aunque su coche
y su atuendo lo peten.
Batman también
es moralista.
Fuertemente inteligente.
Lleva barba.
Debate sobre "género"
sin capa
y con orejas
de murciélago.
A sus Pamadres
los mató un corrupto
cuando salían del cine
tras ver Novechentto.
La liga de la Justicia
no se preside,
se ejerce.

Si Batman es socialista,
es por Alfred
y sus cuidados,
por la doctrina
del acompañamiento
y la dictadura
del proletariado.
Batman es de la
Unión Soviética
y del socialismo libertario
de Latinoamérica.
Un súper héroe
sin poderes
científicamente humano.
Todo lo contrario
al comisario de rango,
rancio y despiadado.
El meme histórico
de Batman
abofeteando a Robin.
A Batman hay que mejorarlo,
pero Batman somos todas,
todas menos
Vicente Vallés,
Pérez Reverte
y Paz Padilla.

_A Batman y Hakam_


lunes, 14 de diciembre de 2020

14 de diciembre

Haces aniversario
de tus primeros pasos.

Aquel día,
mientras mamá aparcaba,
llegamos a casa
abrigados
como se merece
diciembre.
Sin despojarte
de ropa y calzado,
iniciaste la marcha
tambaleante
desde la alfombra
hasta la mesa.
Una distancia
de apenas dos metros
que supo a carrera terminada
con matrícula de honor.
Ese tintineo
como el titilar
de las estrellas,
el balanceo de un barco
llegando a puerto,
el equilibrio
del funambulista
para no caer al vacío
Jugar a la rayuela
sin saberse los números.
Atravesar airoso
las inclemencias
de la superficie.
Sentir las texturas
y apropiarse
de sus propiedades.
Todo eso ocurrió
en pocos segundos,
negándome a parpadear
para no perderme
las milésimas
de cada pisada.
Contuve la respiración
y abrí la boca
para compensar
la presión del aire;
y la piel,
en alerta, 
abrió todos sus poros
desprendiendo ese olor
a cama recién hecha.

Inmediatamente,
sin razocinio alguno,
llamé a mamá
como si fuera
una llamada de socorro.
Ya estaba subiendo
las escaleras,
pero fue al día siguiente
cuando ella pudo verlo
por primera vez.
Fueron tus primeros pasos
y el inicio de caídas
más profundas.
Lo recuerdo 
con muchísima ilusión
porque hoy día
cuesta mucho
recordar con ilusión.

Una semana antes
de cumplir un año,
tomaste la decisión
de dar tu primer paso
de manera autónoma
y sin agarres.
Hoy,
a una semana y pico
de cumplir dos años, 
recorres la casa
con dos zancadas
sin la necesidad
de que nadie te mire
y con el hábito
de dormir del tirón,
porque para caminar, 
hace falta soñar,
y no queremos
despertarnos.

_A tus primeros pasos, canalla_

viernes, 11 de diciembre de 2020

Y si me contestan. Parte II.

Y si me contestan,
me muero.
Siento que exploto
palpitar mi sangre
con el cambio
de temperatura.
Si me contestan
es como desnudarse
en público.
Como sentir el peso
de todo lo que eres
responsable.
Es como reconocer
que has mentido
y asumir la vergüenza.

No hay vuelta atrás
desde el momento
en que escuchas
la interrogativa.
El silencio se difumina
lentamente
hasta que sale
la primera palabra.
Después,
pones toda la carne en el asador
y te juegas los cuartos.
Si hace falta,
te lo juegas todo
a una carta,
porque en el
preciso instante
que sabes 
cómo empieza,
comienzas a sufrir
por pensar
cómo se acaba.

Pero si me contestas,
es justo
lo que estaba buscando.
Y te contaré
con pelos y señales
los motivos
por los que
te he llamado.
Y no se me olvidará
recordarte
lo cuidados y el cariño.
Y te diré
todo lo que te quiero
y las veces
que me has perdonado.
No perderé el tiempo
más que en tí y en mí,
que para eso te llamo.
Por cada segundo agotado,
por cada céntimo consumido,
por cada exhalación,
suspiro y desencanto.
Por el óxido,
las llamas,
el barro,
por todo eso
también te llamo
Y si me contestas,
pienso contártelo todo.

A ver quién contesta. Parte I.

Atreverse a llamar
y esperar a
que descuelgue
para ver quién contesta.
A partir de ahí,
se acabó el suspense
y toca enfrentarse
a la realidad .
Pero antes, 
justo antes
de que te corresponda
la otra voz,
en esos segundos
interminables,
imaginas sin límites
las posibilidades que tienes.

Esa llamada.
Esa espera.
Esa intención
de ser atendido.
Es como cuando antes
mirabas el buzón
todos los días
esperando encontrar
una carta.
O como cuando
las típicas promesas
de volverse a ver,
de repente
y sin planearlo,
se convertían
en verdad.
O esos reencuentros
inesperados
que te han cambiar de planes
tiñendo las tardes
de otro color.

A ver quién contesta
no es más que eso.
La chispa
que enciende
tu día.
La motivación
que creías
haber perdido.
La estrella 
que todavía luce
sin importar
si a años luz
yace muerta.
El poema que te escriben
una vez en la vida.
La risa del niño
del parque
que se te queda
grabada en el tímpano.
Todo eso y mucho más
es
a ver quién contesta.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Sin comentarios

Saborea
ahora
las palabras
de este relato,
mientras creas,
todavía,
que no has perdido nada,
porque luego será tarde.

Cuando algo te ofenda,
obvia los comentarios.
Patada en la boca
y a seguir caminando.
Los impunes
lo son,
precisamente
porque les permitieron ser.
Así que si tienes
algo que perder,
que sea la vergüenza,
el sentido del ridículo
o la expectativa ajena
con la que cargas.

Hemos pasado
demasiadas veces
"por el después",
por lo que podríamos
haber hecho,
por el arrepentimiento.
Suficientes veces
como para haber
aprendido ya,
lo que resulta 
más justo.
Si incluso así
seguimos sin atrevernos,
tocará seguir
poniendo la cara
aunque no creas en la causa.
Porque somos así,
unos incompetentes
faltos de valor(es)
y estrategias,
que besamos
la alfombra
que pisan otros.

Repito.
Saborea bien
las palabras
de este relato
porque estás a punto
de perder algo
que todavía
no sabes lo qué es
ni cómo se llama.

Quién avisa no es Rajoy.

martes, 8 de diciembre de 2020

Te llevo siempre VIII. Parte 2. Redención.

Buenas y malas noticias.

No lo había perdido,
sino que no había
sabido encontrarlo.
No me gusta 
ser un despistado,
pero más que eso,
sufro por no prestar atención
a las cosas sencillas.
Toda la vida
escribiendo 
sobre ellas
y a primera de cambio
me traiciono.
La incoherencia
que detestamos,
pero que sin embargo
arrastramos.
Lo reconozco...

Como escribió
un amigo,
soñé con que
otra persona
encontrara mi tesoro
y le dieron un uso distinto;
o lo leyera
y me pusiera cara;
o se inspirara
e influyera
en algunas de sus
decisiones aplazadas.

Pero prefiero
que esté de vuelta.
Pido perdón
por los daños
y los comentarios.
Porque al final
no ha sido verdad,
pero lo podría haber sido.

Llegados a este punto,
censuro sus
páginas en blanco
y lo doy por terminado.
Lo guardaré pegado
al VII
y antes que el siguiente,
recordando la anécdota
que,
por unos días,
no fue mío.

El octavo pasajero
se abre paso
entre las tripas
para acabar
con tod@s vosotr@s
y dejar la nave
desolada.

Perdóname.

viernes, 4 de diciembre de 2020

avE

Como el avE.
Ese tren
de alta velocidad,
puntual como
un reloj de bolsillo,
caro por lo que
cuesta encontrarlo,
y tan rápido
que a veces
no te deja apreciar
el paisaje.
Es como ese tren
que creías
no fueses
a coger nunca,
y cuando entras,
te haces
pequeña y grande
al mismo tiempo,
con el corazón
en un puño
y las piernas
temblando.
No es tanto
la duración del viaje,
sino el itinerario
de pueblos
en los que paras.
Cada uno con
sus costumbres
y tradiciones,
con su sello
para el pasaporte,
con cada ritual, 
puente y aprendizaje.

Pero también es como el avE.
Ese pájaro
que no deja
nada a la imaginación;
que vuela torpe
pero emocionado
por ese sentimiento
de emancipación.
Las aves migratorias
que se van
y acaban volviendo
más listas,
más justas,
más fuertes.
Animales que vertebran
lo escuchado
y lo observado.
Pían cuando tienen
que dar el golpe
en la mesa
y esperan pacientes
para cuidar la de enfrente.
Trayectorias
lo llaman algunas.
Con un plumaje
que poco importa,
establece dibujos
en el aire
de formas imposibles
y promesas que bien
merecen un rato.
La pura crianza
de machacar
carne cruda
en tu boca
para ofrecerla
en cachitos pequeños
en la suya.

Y por último,
pero no menos 
significativo,
sino todo lo contrario,
avE.
Ese nombre propio
de mujer
escrito la revés.
Con la que no contabas
y a bote pronto,
aparece como
el hechizo de la Meiga,
como la vacuna
que nadie tiene,
como el refugio
que a todas nos falta.
Esa sensación
se conversar
a fondo perdido
porque el tiempo
no cuenta,
solo el peso
de cada palabra
pegando un salto
la vacío
desde su boca,
que recorre
invisible
la distancia
hasta la suya.
Qué envidia,
"de la buena",
diríamos.

El amor romántico,
los cantautores,
los estereotipos,
las pasiones,
la pérdida,
la enfermedad,
el exilio,
el confinamiento estricto,
el conocimiento,
el descubrimiento,
¿o es al revés?

Aquella tarde
nos fumamos 6 cigarros,
3 cada una,
un café con leche,
uno solo
y un poquito de azúcar.

Al tren.
Al pájaro.
A ella.

Feliz excursión.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Las tres conjugaciones

Equivocarse una y otra vez,
equivocarse una y otra vez,
equivocarse una y otra vez.

Acuse de recibo.
Enmendar el error.
Enhebrar la aguja.
Intentos fallidos.
La culpa.
El perdón que no llega.
La hermenéutica.
Volver.
Viajes en el tiempo.
Más bien,
viajes con la mente
por el tiempo,
hacia adelante y para atrás.
Tirar del cable en bucle.
Déjà vu.
Los sueños son mentira.
Las ilusiones también.
Joder y ser jodido.
Estar jodido por joder.
Un canto al desencanto.
Alameda de asfalto.
Que no te vean
no quiere decir
que no haya reglas,
hijo de puto.
La distancia no cura.
La verdad te persigue.
Una mierda para mí
y otra para tí.
Joder.
Vuelta a empezar.
Lastimar.
Perder.
Sufrir.
Las tres conjugaciones:
Perdonar.
Querer.
Vivir.
También las tres conjugaciones.

Luego de rodillas,
le pedimos perdón a dios,
o a la vida,
o a no sé qué.

Equivocarme una y otra vez,
equivocarme una y otra vez,
equivocarme una y otra vez.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Maestro de ceremonia

No supe que era eso
hasta que el día
de mi boda,
un "curilla" de traje,
gracioso
y de lágrima fácil,
dijo nuestros nombres.

Dos años después,
me ofrecen
la posibilidad
de ejercer el oficio
mediante un grabado
espectacular
y un bolígrafo eterno.

Quién iba a saber
que esto iba a fraguarse
desde el mismo momento
que iniciamos
el descenso del Sella.

El Norte o Mi Rumbo,
que son mismo,
quedó irremediablemente
marcado en mi brújula.
No estoy seguro
que sea por méritos propios,
pero el honorde la concesión
despeja cualquier
tipo de dudas.

Todavía no es
de dominio público,
por lo que lo protejo
como un secreto,
tal y como hice
con el de Neruda,
que además,
tiene que ver con los mismo,
hasta que me den
el permiso necesario.

Ellas estuvieron allí. 
Desde el principio.
Pero lo difícil
no es haber estado,
sino mantenerse indemnes.
Las tardes
los parques,
las noches,
los partos.
Fueron las últimas
en despedirse
el día de antes
y las últimas
en saludarnos
al día siguiente,
dando forma y sentido
al proceso,
de principio a fin,
para que todo
estuviese en su sitio.
Porque siempre
nos han acompañado
y nosotras hemos
intentando hacer lo mismo,
pero no sabemos
si hemos estado a la altura.

Para mí,
todo empieza
y todo acaba
y todo vuelve a empezar
en la ciudad de Bilbao.
Creo que para ella también.
Para él por descontado.
Porque nadie sabe
que dos semanas antes
del 3 de marzo
hubo un trágico desenlace,
la paz, el descanso.
Y una tristeza profunda
que pocos jóvenes
hemos experimentado.
Ya te lo dije:
"Por tu madre
y mil veces
por tu madre".
Sin haberla conocido
me la he comido por dentro
por haberte compartido.

Qué decir
del gigante de Provanco,
la estrella dentro
de una cueva,
la persona más buena
en castellano o en euskara.

Me queda todo un año
para planear
un acto de amor
desmesurado,
por todo lo alto
aunque sea subido
a una banqueta,
mis zapatos.
Sin arreglos
ni ornamentos.
Sin disfraces
ni gerifaltes.
La canción que os debemos,
el ascensor para vernos.

La responsabilidad 
de lo escrito
y de lo dicho,
sin compromisos.
Porque el compromiso
que celebremos
no será orquesta
de asientos,
sino concierto
de cientos
que os queremos
por el padre nuestro.

Sin rezos,
lo juro.
Y yo nunca juro,
pero por vosotras, 
hasta me pongo
una chaqueta.

_Con todo el mimo 
de mi puño y letra,
a Joseba y Ana_

domingo, 29 de noviembre de 2020

Te llevo siempre VIII

Son malas noticias.
Por primera vez
desde que escribo,
he perdido
mi cuaderno.
El de Tailandia,
el del Testigo;
iba por la mitad
y en él se recogían
los textos desde
el inicio de la pandemia.
Ya no haya pruebas
analógicas.

Un tesoro que
no recuperaré
del fondo del mar,
pero qué seguirá
intacto en mi memoria.
Sinceramente,
hubiera preferido
perder la relación
con alguna persona
que me sobra,
porque cuando 
hablo de escribir,
lo material sí que importa.
Tan ensimismado estaba
que me he pasado la parada.
Mal augurio, 
error profundo,
perdido,
taciturno.

Cojo munición nueva,
llena de flores
y una arboleda.
De la de siempre,
mi compañera.
Tanto a él,
tanto a ella,
espero no perderte.

En vano,
pero por si acaso,
te firmo con
mi número de teléfono.

Hasta siempre.
El Octavo Pasajero
se perdió en el espacio.

Desde un marzo confuso
hasta un noviembre creciente.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Lo sé

Él es feliz.

En el trabajo
no puedo determinar
el grado de felicidad
por eso de que
la interpretación es libre,
pero en casa,
con mi hijo,
sí que me atrevo.
Él es feliz.

Lo sé por la sonrisa
de sus ojos
y la bonita mirada
de su boca.
Verle
es como llegar
a la parte
más emocionante
del cuento,
la que te sabes
de memoria
pero con la que
se te eriza la piel
cada vez
que la escuchas.
Si no lees estás perdido.
Lo sé
por cómo se mueve,
ocupando con su cuerpo
todo lo que al vacío
le hacía falta.
Lo sé
por cada palabra
que aprende y reproduce
como si fuera
el discurso de mi vida.
Lo sé, porque al dormirle,
huele a sueño cumplido,
a sudor de cuerpo limpio,
a barro y arena de parque.
Lo sé
por las canciones que canta
y los bailes que se sabe.
Por cada aplauso,
por cada "bravo",
por cada vez que se agacha
para saludar al público.
También lo sé
por sus noes,
y sus lágrimas,
y sus besos,
los cuáles ya da
por iniciativa propia.
Sé que es feliz
por su espalda erguida,
su pinza al coger
cosas minúsculas,
su culo prieto 
para declarar la guerra.
Lo sé por lo bien
que está con el resto,
por cómo nos saluda
al volver,
por cómo pregunta
por lo que ya echa de menos.
Por todos los nombres
qu se sabe,
por las relaciones
que establece,
por cerrar bocas
sin mentar a nadie.

Enzo es feliz.
Ser y estar
son dos verbos
que se acoplan
perfectamente
la adjetivo.
De momento
y por todos los charcos
que te quedan por pisar,
la cosa tiene pinta
de que no va a cambiar.

_A mi hijo, siempre a mi hijo_

sábado, 21 de noviembre de 2020

Puntos en la mano

De vez en cuando
me duele la mano.
No es ese tipo
de dolor que cansa,
que aburre.
Es el de la vergüenza
y el arrepentimiento.
Mucho más simbólico
que un tatuaje.
Las heridas
son memoria.
Pistas para no olvidar.
Son marcas
que me acompañarán siempre.
La mano derecha.
La mala.
Sin zurdas intenciones.
La llamada
que nunca
debí hacer
por la que acudieron
desconocidos
de uniforme.
Cristales rotos.
La aguja rompiendo la piel.
El hilo juntando la piel.
Sin anestesia
y con preguntas
impertinentes.
Por turnos,
nos curaron las manos.
No había huevos
a mirarse a la cara.
Un padre humillado.
Sus cachorros perdidos.
Ropa manchada de sangre.
Corazones desangrados.
El caos de la hermandad.
Y analgésicos
que no tienen efectos.
Ocho puntos de sutura
irregulares.
Nos olvidamos
del significado
de volver a casa
y de lo que implica
ser familia.
Destruidos por un instante
de locura,
o eso creíamos.
Menos mal 
que la vida pasa
y el tiempo lo cura todo,
o casi todo.
Un pasado de reproches
y cenas en solitario.
Escuchando voces
tan realistas
como imaginarias.
Donde se confunden
los deseos y los sueños.
Donde la rabia dirige tus días.
Donde ser el mayor
es tu mayor 
de los fracasos.
Cuando te creías
invencible
viviendo lejos de todos
y cerca de nada.
Nadie debería sentirse tan solo.
Ni yo, ni nadie.
Ni él.
Porque la culpa
es un invento
religioso
que nos ha hecho
más frágiles.
Porque las ventanas
son solo eso, 
ventanas.
Cosas reemplazables.
Caer y levantarse.
Convencido por completo
que en eso consistía
madurar.
Y es mentira.
Es otro engaño sibilino
para justificar
mirar hacia otro lado.
La salida fácil
entre cuatro paredes
sin llaves 
que abran o cierren
las oportunidades 
llegar,
o quedarse,
o enterrarse.

La mano me duele
con cada cambio
de estación,
siendo las de más frío
las que torturan
el perdón.
La pus
que arrastro.
La infección
que mantengo.
El dolor simbólico
del recuerdo
hasta que esté muerto.
La mano
es lo que más
me duele
en este primer tercio
del tránsito.
Y no creo que nunca
se vea superado.
Mi costra
que no pica,
perpetua,
la que no arranco.
Porque jamás
podré desprenderme
de algo tan despiadado.
Esa es mi pena,
mi castigo
y mi pecado.
Ahora,
también te digo, 
mano,
gracias por haberme
conducido
a tu lado,
porque a día de hoy,
sigo teniendo
a mi hermano.

Estamos curados.
Besos rizados.

Porque aquel 3 de Marzo,
empecé por donde
tenía que empezar.
Te lo debía.
Ese fue mi regalo.
Espero que me hayas perdonado.

_A mi hermano de sangre, Juanpe_

sábado, 14 de noviembre de 2020

Señora del Sur. Parte III. Final.

No esperaré 
a que mi madre
se muera
para escribirla.

Este año está
un poquito más triste
porque la Paloma Blanca
alzó su vuelo.
La anécdota
de los homenajes
póstumos,
cuando tenemos
toda la vida para cuidarnos.

La Señora del Sur
que nada tiene que ver
con cortijos ni señoritos.
Trasnocha sin salir de casa
y no madruga
porque no se acuesta
arropando a sus cachorros.
Plancha la ropa
mientras toma
un café americano
con dos sacarinas.

Su falda por las rodillas
con medias grises,
atemporales
pero pioneras.
La Señora del Sur
establecida en la Meseta
con casa en el Norte.
Me enfado más
de lo que debería con ella
porque ella grita
más de lo que debería.

La reina de los mercaderes,
las tenderas 
y los comercios,
siempre paga
antes de que llegue a tiempo.
Si fuera estructura,
sería municipal,
local y comunitaria.
Barrio donde asentarse.

Espera a su nieto
mientras se deja caer
con el rabillo del ojo
y la comida hecha.
Más de 40 años cotizados
y 62 trabajados.
Solicita besos y abrazos
como quien pide
la palabra insistentemente
con la mano levantada
y el puño cerrado,
de ahí mi pasión
por los adjetivos,
y los besos,
y las ansias de libertad.
Te nutre con todo
lo que no le sobra
y con todo 
lo que los falta.
De paso lento
para que las flores
tengan el tiempo
que nadie les dedica,
y bajita
para que todo
el mundo la llegue.

Nunca se vio
que el sonido
que indica
asco,
sea el mismo
que sirva
para pronunciar
la palabra
ABUELA.
Jamás lo entenderíais
y no pienso disculparme.

La Señora del Sur
que cada vez
se parece más 
a su madre,
es justamente 
la mía.
No sé si tiene miedo
de lo que la espera,
yo solo siento
el orgullo
fluir por mis venas.

Por la dignidad
de los que fueron,
de los que son
y de los que serán,
porque eso tú solita,
lo has patentado.

Con este se cierra
la trilogía
de la Señora del Sur.
No habrá 
un cuarta entrega,
pero sí que seguiré
escribiéndote 
hasta después
de que estemos
muertas,
porque para vivir
de rodillas,
ya están otras.
Aprovechemos lo que nos queda.

_A mi Mamá, a su Abuela, a vuestra camarada y a nuestra Compañera_

viernes, 13 de noviembre de 2020

Caminante

Caminante
que retoma la marcha
contra todo pronóstico.
Milagros es solo
un nombre propio,
que la inercia
de la esperanza
no nos lleve 
a sitios confusos.

La cara
es un mapa
que tiene memoria.
Por una vez,
la historia
se reescribe
desde cero.
La postergación
de lo inevitable
se hizo posible.
Los golpes duelen,
y pese a la creencia popular
de que son pasajeros,
la verdad es que
mantienen sus finos hilos
inquebrantables
toda la vida.
Las placas y los clavos,
la noche en vela de una madre,
los espasmos,
la tristeza,
el poder del instinto.

La melodía de verte andar.
El coraje de la visión.
La paciencia de la audición.
La suerte de olerte.
El alivio de volverte a probar.
Los cinco sentidos
y tú,
el sexto,
como maravilla del mundo
sumándose a todas las anteriores.

Las expectativas
que depositamos en ti,
no son más que buenos deseos
que no han pedido permiso,
más si no estás conforme,
ya eres ley
para desecharlos.
Muerte a los inclementes
y a los que no son empáticos
por cualquier
fallo del sistema.

Incluso así,
te pensamos
como la solución ecuánime
a los problemas,
como el laureado estudio científico,
como arenga del discurso,
como emocionante banda sonora.

El viaje es muy largo,
pero te esperamos
en cada apeadero
en el que gustes descansar.
Miguel Hernández
escribió "El rayo que no cesa";
Miguel Hernández,
siendo de la generación 36
y epílogo de la del 27,
murió encarcelado
a medio camino.
Tú,
siendo de la generación del 2018, 
sigues caminando.
Por tanto,
a aquellos
que siguen esperando
o que se han quedado
a medio camino,
tenéis a vuestra disposición
el referente perfecto.

Jamás leerás esto,
pero algunos caminarán
gracias a tu ejemplo.

_a M_



jueves, 12 de noviembre de 2020

Tomar y dar

No es más difícil
lanzar una crítica
que saber recibirla, 
encajarla y asumirla.
Estamos equivocadas
si pensamos
que las personas
que no se callan nada
son el tipo de personas
que hacen falta.
Hay una línea muy fina
entre la humildad
y la prepotencia.

Lo mismo pasa
con el tomar y el dar.
Es mucho más simple,
mecánico
y está mejor visto
el dar.
Sin embargo,
para tomar,
hay que estar
mucho más preparada.
Es más revolucionario
el aceptar recibir
palabras, personas o cosas.
Un proceso
de metamorfosis
y madurez
que solo algunas
llegan a comprender.
Esas son las personas
que me gustan.

Entre dar y tomar,
prefiero tomar
conscientemente
me enfrente
a lo que me enfrente,
y de vez en cuando,
dar alguna
que otra hostia.

martes, 10 de noviembre de 2020

Relaciones referenciales

 Estábamos en la zona habilitada
dentro del autobús,
justo donde se encuentra
el botón con
el símbolo del carrito
que tanto le gusta presionar.

A nuestro lado,
en la puerta de salida,
una pareja joven
despojada de intimidaciones
por miradas ajenas.

Agachado y de cuclillas,
le miraba
mientras él
me obviaba
obnubilado
con las pasiones,
que se creen,
nunca se van a acabar.

Interrumpiendo
cualquier pensamiento adulto
grita:"Papáááááááá",
señalando al chico.
A continuación,
con gesto abierto,
infiero que me pide
acercamiento
para tocarme la cabeza;
un repaso antológico
que deja huella
en todo mi cuerpo.
Le expliqué
que aquel chico
no era su papá,
pero él insistía,
hasta que le miré
y entendí
la relación
(por alusiones).
El chico tenía
el pelo rapado
y estaba haciendo referencia
a que era como su papá.
Me rebajé,
sonreí
y me acordé
de todos los que insistían
en que no tiene lenguaje
(os reviento).

Ya no es tanto
lo que se dice,
sujeto a múltiples
interpretaciones,
sino cómo se dice
y a sus intenciones.
Otra lección
para los supuestos
ilustrados.

La pareja se rió
porque entendieron
rápidamente
lo que allí había ocurrido.
Yo me mantuve
en silencio
porque allí no hacía falta
decir nada
(cuando las palabras sobran).

Estimuladas
y cada una 
con sus motivaciones,
el autobús recorría
la larga calle principal.
Él siguió mirándoles,
provocando,
reclamando atención.
Y yo,
seguí aprendiéndole
sin pausa y sin prisa.
Hasta que dijo: "Muaaaakkkk".
La pareja se estaba besando.
Pensé en el primer 
beso de amor
que darás
e intenté imaginarme
a la persona
que lo recibiría.

Creces y sé
que un día
no lo compartiré
todo contigo.
Hasta entonces,
agárrate fuerte.
Te sentirás solo,
pero hasta el día
que me muera,
en realidad,
no lo estarás.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Todo lo que tenemos

 Cuando todo lo que tenemos
es más o menos,
mucho o poco,
grande o pequeño,
se convierte en un problema.

Todo lo que tenemos
debería valorarse
por la calidad y la calidez,
por el cuidado de mantenerlo,
por la certeza
de seguir creciendo.

Todo lo que tenemos
no es un patrimonio urbanizable,
sino una revolución cultural
de pertenencia de grupo.
Todo lo que tenemos
implica pluralidad,
señas de identidad compartidas,
comunidades empoderadas,
dispuestas a despojarse
de las piedras.

Cuando todo lo que tenemos
es un baremo para diferenciarse
entre los de arriba y los de abajo,
es la excusa perfecta
para ir a la guerra.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Trayectorias

Trayectorias anónimas,
intachables.
Trayectorias irreprochables
nos pongamos
como nos pongamos.
Trayectorias personales
y profesionales, dicen,
sujetando fuerte
las llaves de la ciudad.

Esperamos serviles
con sabor esperanza
que se abra la mano
del que te alimenta.
Trayectorias inestables.
Si te he visto, no me acuerdo.
Toda la vida
buscando un sitio.
El rastro de migas
que nos dejas
para que volvamos a casa;
los posos de café
que filtras
para que no le AMARGue
a nadie;
la forma de la nube
que se desvanece
como aquel
bonito recuerdo
al que te aferrabas.

Trayectorias de ida y vuelta.
Bueno, solo de ida.
Trayectorias dilatadas,
cierre al salir, señoría.
Trayectorias supervivientes
con los cinco sentidos.
De las del puño cerrado
y levantado.
De las que ponen la cara
pese al dolor del golpe.
Sin clamar al cielo.
Sin gritos egoístas.
Con el tono adecuado
y la sonrisa suficiente.
Mediante la palabra,
el respeto
y el ejemplo.
Que algo sea legítimo,
no excluye que pueda ser
execrablemente
cuestionado.
Que ni pinches
ni cortes,
no quiere decir
que no resulte injusto.
Trayectorias tocadas,
pero no hundidas,
faltaría más,
no te jode.

Trayectorias desterradas,
pero las flores siguen
creciendo 
en cualquier sitio
que haya un poco
de luz y agua.
Trayectorias exiguas
por motivos desconocidos,
al querer abrazar
el desconocimiento.
Trayectoria que echaré de menos,
que seguirá emergiendo
del campo arrasado.
Trayectorias públicas
que deberían ser estudiadas
de memoria si quieres,
y aprendidas
en pro de todas.

En fin y de nada
vuelven a significar
lo mismo.
Sin intenciones ocultas,
con el peso del verso
este es mi argumento.

Trayectorias,
perfiles,
gentiles,
rediles,
ediles.
Atriles desde donde
se ve el conjunto,
pero no al Aquiles.
Los pilares,
al igual que los talones,
no siempre sujetan
adecuadamente.
Ni voz, ni voto,
por descontado.
Pero yo escribo
desde el sitio
que ocupo:
mi blog, 
mi refugio,
mi abrigo.
Sin perjuicios
ni castigos,
que nadie
se aluda
ni se ofenda.
Pero a lo hecho-pecho,
cada una con sus ovarios,
y yo, con "los míos".

Que te pires, 
pero no te canses
ni te cases,
porque
con lo que ya haces,
el resto
podremos hacer balance
con la mirada del elefante,
así, como tú eres,
magnate,
gigante.

_A todas aquellas trayectorias pecadoras, errantes y mal vistas_

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Para última hora

Nunca fui buen estudiante
dejándolo todo
para última hora.
Hoy me levanto
a las 05.00 am
con la "esperanza"
de que el cachorro
no despierte,
para que me dé tiempo
a terminar un trabajo.

Recuerdo que empecé
a tomar café
sobre los quince años.
Había empezado a fumar
un poquito antes.
Ya en bachillerato,
perdía las tardes
en cualquier
entretenimiento
fuera de lo curricular
y me acostaba pronto
sin haber tocado
un libro,
me refiero
a los manuales.
Me ponía el despertador
a la misma hora
que me he levantado hoy
para recuperar el tiempo
y hacer todo lo que
no había hecho.
Posponía la alarma
varias veces
mientras brillaba
la luz de la lamparita
confiado de su poder
para que no me durmiera.
Al final me levantaba,
calentaba café,
encendía una cigarro
y me iba al baño.
Por tanto,
solo aprovechaba
una media hora
de todo ese tiempo
que procrastiné
el día anterior.
Luego me iba al cole,
la insti o a la universidad
tan pancho,
superando con mediocridad,
pero con suficiente nota,
esas mierdas de exámenes
que nos ponían.

A groso modo,
esa fue mi trayectoria
en la etapa estudiantil.
Sin pena ni gloria
en lo académico,
pero honoríficamente
reforzado en las relaciones
y la ideología.
Si mi hijo
en un futuro
hace lo mismo,
o lo contrario,
con sus matices,
recordarme
que no le reproche nada.

Por cierto,
si ella no hubiera repetido
1° de bachillerato
en aquel colegio
de monjas de mierda,
viniendo a mi colegio
concertado de elitistas
y económicas intenciones,
no estaría escribiendo esto.
Por tanto,
manteneros alerta
en aquellas situaciones
en las que parece
que se acaba el mundo.
Puede que ahí,
justo en ese momento,
donde la oscuridad
lo envuelve todo,
empiece tu vida,
la de verdad.

viernes, 30 de octubre de 2020

Para toda la vida

Recordar aquella 
primera configuración
de grupo de amigos y amigas
que no tenía
más horizonte
que el perímetro
que se conformaba
dadas las manos.
Para toda la vida,
pensábamos.
Una sensación
de inviolabilidad
en todas sus partes.
Un sentimiento
de pertenencia
donde éramos el centro
y desde ahí partía
el resto del planeta.
Seguramente, 
la cosa más hermética
y cerrada
que construimos jamás
porque era
lo que tocaba.
Porque estábamos seguras
que iba a ser para toda la vida.
Si había dudas,
sentías que te morías,
que te vaciabas
como si ya no pesaras,
como si fuese imposible
ser importante
más allá de ese grupo
de personas reducido
que en algún momento
cuentan más
que tu propia familia. 
Para toda la vida,
creíamos.
Porque si no
pareciera que te ibas
a romper en mil añicos,
que te ibas a quedar
más solo que la una,
que cero, nada y tú
ibais a ser lo mismo.
Queríamos que fuese
para toda la vida,
pero llega un momento
en que te das cuenta
que todo va a cambiar
pese a las promesas
y los juramentos sagrados
del código de la amistad.
Que una fuerza invisible
va a arrastrarte
a lo que siempre
habías defendido
que no ibas a llegar.
Una atracción
irremediablemente
poderosa
que pone tu 
mundo patas arriba
sin posibilidad
de volver atrás
Y es justo en ese momento,
cuando muy pocas sobreviven
a una relación de amistad
que a los cuatro vientos
gritábamos que iba a ser
para toda la vida.
Como las poquitas
que vuelven 
de una guerra.
Como aquellas primeras cartas
que acaban desapareciendo.
Como esos recuerdos
que creías imborrables,
y de repente, un día,
ya no están.
Para toda la vida es mentira,
pero debemos aprenderlo solas.
Nadie va a convencernos
de lo contrario
cuando estemos 
metidas de lleno
en ese oasis
que llega en algún 
momento de la adolescencia.
Para toda la vida nunca se cumple, 
pero eso no quiere decir
que estemos equivocadas.
Porque en esos días
en que sientes
que todo es posible,
no hay razones, 
ni argumentos,
ni ciencias, ni dioses
que sustituyan
las pasiones, las ideas
y los sueños
que determinan
nuestras amistades.

A mi,
de todo aquello,
solo me quedan
un amigo
y una amiga.
Por tanto
y en plena
contradicción
de todo lo
anteriormente escrito,
sí que son
para toda la vida,
hasta que la vida,
consiga demostrar
lo contrario.

_A Noe y Alvarito_

Nota de autor: texto 100 de este 2020 que no nos va a durar toda la vida.

jueves, 29 de octubre de 2020

Mi jefa

A ella no le gusta
que la llame así.
Solo pretendo elevarla
al orden superior
del que procede,
desde el cariño.
Efectivamente
no es más jefa
que amiga.
No hay contrato
que valga
más que la trayectoria
de estos dos cursos.

Pese al mito,
la relación laboral
no se empaña
por el amor,
la confianza
y la transparencia.
Ni las mascarillas
ocultan el derroche
de admiración
y constancia.

¿Inmejorable?
Si, inmejorable
por encima
de las risas ajenas
y las envidias sanas,
si es que existen.

No me gusta utilizar
las palabras
criatura,
mochila, 
sostener,
porque carecen
de personalidad.
Tampoco utilizar
verbos en infinitivo
de primera y tercera
conjugación
como conceptos abstractos
y generalistas,
suenan demasiado
a coaching.
Ella lo sabe
porque se lo he dicho.
No sé si lo comparte,
pero me respeta
a muerte,
pongo la mano en el fuego
y no me quemo.
Y esa es la verdadera clave.
El respeto.
Nuestro hilo conductor
del que ramifican
otros adjetivos calificativos
siempre amables.

Cuando digo
que es mi jefa,
no estoy faltando
a la verdad
aunque las implicaciones
con las que la pronuncio
no las entienda nadie,
a veces ni ella.

Disfruto de las negociaciones
que nos llevan
a pactos donde nadie
pierde ni una "mijita".
Me callo, escucho
y aprendo
de sus observaciones.
Me fijo e imito
los movimientos,
los gestos,
el ACOMPAÑAMIENTO.
Pero lo que mejor
la define,
sin saber si soy
el primero en decirlo,
es su solidaridad,
una aspiración
que muy pocas cumplen.

Un día dije
que no iba a tener
más jefas que ella.
También dije
que no iba
a haber
otra pareja educativa
como ella.
Sin acritud,
me toca rectificar
por las sorpresas de la vida,
sin la boca pequeña
y con las manos abiertas.
Que se pare el tiempo.

Te pongo un 12.

_No ha pasado tanto desde el 17 de julio, a Bea_

Nota de autor: todavía no he publicado este y ya me has dado el título de tu próximo texto, "Desmontar y desarmar".

martes, 27 de octubre de 2020

Precipitarse

Cuando el Covid
se queda en nada,
los oscuros deseos
se desvanecen
y la gravedad
toma el protagonismo.

¿Cuántas veces
habré utilizado
la palabra
precipitarse
como una acción
de anticiparse
descontroladamente?

Desde un tercero
con la edad de mi hijo.
Insoportable,
insostenible,
injusto.
No haya consuelo
ni paz,
solo enormes esfuerzos
por seguir vivo.

Todo está bien
hasta que deja de estarlo.
Todo es normal
hasta que ya no lo es.
Solo nos arrepentimos
del mañana
cuando nos meten la hostia
respecto al ayer.

Otra vez que no te existen palabras
ni movimientos premeditados.
Dolor, impotencia y rabia.
Pena por no ser tú.
Vacío
Hasta que surje el coraje
como última bala.
El impulso de agarrarse
a la más pequeña
de las posibilidades.

Las plegarias
de los que rezan.
Los deseos
de los que sueñan.
Acompañar
ahora y siempre,
con el permiso concedido.
Apretar fuerte la mano
y abarcar amplia
la espalda
para que la soledad
no encuentre compañera.
Mirar triste
con la boca
encasquillada,
pero mirar
para que el otro sea.

Dadas las circunstancias,
cualquier reacción es legítima
y oportuna.
Puta vida,
pero más puta
es la muerte
salvando muchas excepciones.

Espero esta vez no equivocarme.

_ a M y J_

lunes, 26 de octubre de 2020

Cobardes con sueño

Dormir mal y poco.
Dicho de otra manera,
dormir lo que su cuerpo necesita.
Visto de forma distinta,
dormir una mierda.

Por mucho que estés
acostumbrado
a dormir poco,
esto puede 
acabar contigo.

Cada noche
se hace la niebla
y la luz de las farolas
no valen de nada,
como todas las estrategias
que te faltan
y todo el sueño
que te sobra.

Es verdad que el descanso
está sobrevalorado
y que generalmente
tendemos a la queja
y a la lamentación...
...la cultura católica,
imagino.

Un centrifugado
que nunca acaba.
La pérdida inverosímil
del objeto de apego.
El desvelo
a saber por qué.
El juego
que no cesa.
Aquí da igual
saberse las horas,
no cuentan nada
en su mundo.

Pese a los turnos,
la balanza no consigue
equilibrarse.
Despojarse
de cualquier sueño
ininterrumpido,
la quietud,
el silencio
y la soledad,
son una carga
demasiado grande.

Día tras día,
noche tras noche,
todas
duran lo mismo.
Horas y horas
que se te hacen
cortas y largas
al mismo tiempo,
como cuando miras
la ecuación del examen
que sabes,
no vas a resolver.
Menos mal que esto
no son matemáticas
porque iría acumulando
suspenso tras suspenso.

Dormir es de cobardes
y quejarse
de hijos de puto,
así, 
en masculino
para hacer justicia.

domingo, 25 de octubre de 2020

Salud y bienestar

 Me he vuelto a dejar
el móvil en casa,
y en lo que dura
el trayecto
del autobús 
de mi casa a la renfe,
cinco minutos,
me ha dado tiempo
a levantar la cabeza
y recordar algunas cosas.

Vi la última
autoescuela
que ha podido conmigo.
La peluquería donde
me corté el pelo
el día de mi boda,
un sábado 3 de marzo
a las 7.45.
La calle de los cuarteles
que es la misma
donde pisaba moras
cuando iba 
con mi abuela de la mano.
Pude ver el parque
de la tienda de mi madre
que acertadamente
ahora se llama
"Las brigadas internacionales".
Redescubrí
el Mercado Municipal
donde se ejerce
lo comunitario.
La calle del Vortex
y las partidas on-line
de adolescente.
El puesto de churros
donde me quedaba pasmado
viendo el aceite hervir
haciendo magia.
El supermercado
al que fui
las primeras veces
solo a comprar.
La calle
que me llevaba 
a casa del primo
con un dulce aroma a infancia.
El Paulino,
sus cuatro dedos
y sus barras de pan
de mierda.
El metro San Cipriano
que hace tanto que no cojo
pero que sin duda
es el que más he utilizado.
El callejón
donde jugábamos al fútbol.
La casa de mis pamadres
y el remordimiento
de no escribirles más.
La fachada del cementerio
que tantas veces 
pensé en pintar.
La cuesta del tren
en la que tatas pelotas
desparecieron.
Y la renfe,
la misma que ha utilizado
mi padre toda la vida
para ir al curro
y ahora yo,
reproduzco sus pasos.

De todo eso
me di cuenta.
Todo eso
saboreé 
con cierto regusto
a nostalgia y pérdida.
Todo aquello celebré
con la vista
y el corazón conectados.

Lo podemos llamar
Salud y Bienestar,
si queréis.

Nota de autor: Salud y bienestar es una aplicación de móvil que contabiliza el tiempo que se utiliza y en qué.

¿Cuánto más tenemos que perder?