Cuando todo lo que tenemos
es más o menos,
mucho o poco,
grande o pequeño,
se convierte en un problema.
Todo lo que tenemos
debería valorarse
por la calidad y la calidez,
por el cuidado de mantenerlo,
por la certeza
de seguir creciendo.
Todo lo que tenemos
no es un patrimonio urbanizable,
sino una revolución cultural
de pertenencia de grupo.
Todo lo que tenemos
implica pluralidad,
señas de identidad compartidas,
comunidades empoderadas,
dispuestas a despojarse
de las piedras.
Cuando todo lo que tenemos
es un baremo para diferenciarse
entre los de arriba y los de abajo,
es la excusa perfecta
para ir a la guerra.
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