miércoles, 4 de noviembre de 2020

Para última hora

Nunca fui buen estudiante
dejándolo todo
para última hora.
Hoy me levanto
a las 05.00 am
con la "esperanza"
de que el cachorro
no despierte,
para que me dé tiempo
a terminar un trabajo.

Recuerdo que empecé
a tomar café
sobre los quince años.
Había empezado a fumar
un poquito antes.
Ya en bachillerato,
perdía las tardes
en cualquier
entretenimiento
fuera de lo curricular
y me acostaba pronto
sin haber tocado
un libro,
me refiero
a los manuales.
Me ponía el despertador
a la misma hora
que me he levantado hoy
para recuperar el tiempo
y hacer todo lo que
no había hecho.
Posponía la alarma
varias veces
mientras brillaba
la luz de la lamparita
confiado de su poder
para que no me durmiera.
Al final me levantaba,
calentaba café,
encendía una cigarro
y me iba al baño.
Por tanto,
solo aprovechaba
una media hora
de todo ese tiempo
que procrastiné
el día anterior.
Luego me iba al cole,
la insti o a la universidad
tan pancho,
superando con mediocridad,
pero con suficiente nota,
esas mierdas de exámenes
que nos ponían.

A groso modo,
esa fue mi trayectoria
en la etapa estudiantil.
Sin pena ni gloria
en lo académico,
pero honoríficamente
reforzado en las relaciones
y la ideología.
Si mi hijo
en un futuro
hace lo mismo,
o lo contrario,
con sus matices,
recordarme
que no le reproche nada.

Por cierto,
si ella no hubiera repetido
1° de bachillerato
en aquel colegio
de monjas de mierda,
viniendo a mi colegio
concertado de elitistas
y económicas intenciones,
no estaría escribiendo esto.
Por tanto,
manteneros alerta
en aquellas situaciones
en las que parece
que se acaba el mundo.
Puede que ahí,
justo en ese momento,
donde la oscuridad
lo envuelve todo,
empiece tu vida,
la de verdad.

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