y esperar a
que descuelgue
para ver quién contesta.
A partir de ahí,
se acabó el suspense
y toca enfrentarse
a la realidad .
Pero antes,
justo antes
de que te corresponda
la otra voz,
en esos segundos
interminables,
imaginas sin límites
las posibilidades que tienes.
Esa llamada.
Esa espera.
Esa intención
de ser atendido.
Es como cuando antes
mirabas el buzón
todos los días
esperando encontrar
una carta.
O como cuando
las típicas promesas
de volverse a ver,
de repente
y sin planearlo,
se convertían
en verdad.
O esos reencuentros
inesperados
que te han cambiar de planes
tiñendo las tardes
de otro color.
A ver quién contesta
no es más que eso.
La chispa
que enciende
tu día.
La motivación
que creías
haber perdido.
La estrella
que todavía luce
sin importar
si a años luz
yace muerta.
El poema que te escriben
una vez en la vida.
La risa del niño
del parque
que se te queda
grabada en el tímpano.
Todo eso y mucho más
es
a ver quién contesta.
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