Sufro ansiedad
de la que no me permite
reparar cosas
que antes eran
más que asequibles.
Me escondo para fumar
y fumo para no esconderme.
De pronto camino
más rápido
de lo que
estaba acostumbrado.
Si nunca he llegado
tarde a los sitios,
ahora siento
que me muero
con la posibilidad
de que pueda suceder.
Apago fuegos
como puedo
y utilizo tiritas
caducadas.
Al final del día
ya no hago balance
porque estoy
metido de lleno
en el siguiente.
Me equivoco
más de la cuenta
en la construcción
de frases
y a la hora
de pronunciarlas.
Ya no me siento
tan satisfecho
cuando cuento cuentos,
los que sean,
los de calidad
o los que se me exijan.
Duermo como siempre,
mal y poco,
pero es que ya
ni siquiera
me seduce la idea
del descanso.
Escribo como nunca
por la necesidad
imperiosa
de una imprenta
de sacar el periódico
del día siguiente
con todas sus precariedades
y todas sus superficialidades.
Es lo que tiene trabajar
con "plazos",
pero es que tengo
la sensación
de que tengo
que sacarlo
cuanto antes.
La de que no
puedo guardarme nada
porque no tengo
la certeza
de que en futuro
pueda sacarlo.
La de que si
lo hago todo de golpe,
quizá,
y sólo quizá,
eso ayude en algo.
Sufro de ansiedad
autodiagnosticada
y no profesionalizada.
La que me impongo
con la obsesión
de ciertos trastornos
que acojonan a cualquiera.
Compro a diario
productos de primera necesidad
para sentir que no
nos falta de nada.
Y consumo azúcar,
la misma a la que
mi cuerpo nunca se habituó.
Es tanto y es así,
que escribo
sin puntos y apartes.
Estopa decía:
"Lo reconozco,
fumo porros
a diario".
Y yo digo:
"Lo reconozco,
tengo miedo
a diario ".
Ojalá me sentasen
bien los porros
si consiguieran
quitarme un poco
de ansiedad.
Tranquilas,
es un texto,
con su estilo,
matices y dramas,
pero al fin y al cabo,
es solo un texto.
Podéis comprobarlo.
que todavía soy capaz
de poner un punto y aparte.
No estoy en peligro,
sólo intento explicarme
las cosas a mí mismo.
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