domingo, 12 de diciembre de 2021

Semana 29

Cuando estéis leyendo esto,
estaremos a las puertas
de la treintena.
Nunca nos hizo
tanta ilusión
cambiar de decena.

Sigue aguantando imparable
la guerrera de nuestros días.
Una lucha, en prural,
en la que las dos
han decidido,
con un lenguaje exclusivo
e inclusivo,
cuál es la manera
de seguir avanzando.
Una semana sin cole
entre fiebres y festivos
en las que también
ha participado
en el simposio
un niño que se sabe
hermano mayor.

Me acuerdo de nuestros
sendos cumpleaños sorpresa
de los treinta.
Sucedieron tantas cosas
como están ocurriendo ahora.
Me recuerda a aquel aroma
donde nada podía
salir mal;
donde estuvimos acompañadas
por la meritocracia
de l@s que fueron capaces
de amarnos sin condiciones;
donde nos aprendimos
las fechas
como un hito histórico
de nuestra vida,
ahora en singular.

Tender la ropa,
agacharse a por un juguete,
cocinar algo sencillo,
cogerle en última instancia
para ofrecerle consuelo,
son hazañas 
para los tiempos que vivimos.
Un esfuerzo sobrenatural
que en otras condiciones
no dejarían de ser rutina.
Ahí reside la voluntad
y las ganas de seguir
aportando,
a su manera,
para sentir la validez
y la ansiedad necesaria
como para conseguir
levantarse de la cama.

Cada una con sus estrategias,
tan lícitas como las
de cualquier otra
pese a sentir
que te erupciona
un volcán por dentro;
pese a la presión
similar a las profundidades
del océano;
pese a la tensión metálica
de una cuerda
que procura
que puedas pasar
la otro lado
de la montaña.

Una tarea
que sin duda
traerá sus consecuencias,
pero ahora nos instalamos
en el corto plazo
del día a día
de hora en hora,
lo que venga después
lo procrastinamos
a cuando estemos todas,
a cuando estemos juntas,
a cuando estemos.

Últimamente nos obsesionan
los números,
soñamos con cifras,
nos miramos las manos
para contarnos los dedos
para que no falte ninguno.
Por eso fuimos
a la biblioteca
en busca de ensayos científicos
con forma de cuento,
para cubrir esa necesidad
de seguir llenándonos
con ilustraciones, historias
y contenido que hasta el momento
nos era desconocido.

Cada noche,
con el ritual de irse a dormir,
cada una escoge sus cuentos
para compartirlos en comunidad
y prepararse 
para lo que devengan
las próximas horas.
En La Mariana,
toda residente
duerme alerta
por el advenimiento
de ciertos acontecimientos
que escapan al control humano
de decidir 
cuándo empiezan
y cuándo concluyen.
Por eso nos besamos
siempre
pase lo que pase,
nos sintamos como nos sintamos,
porque no sabemos
hacerlo de otra manera,
porque besar
reconstruye la piel
que anteriormente
ha quedado al descubierto,
con todo su dolor,
con toda su fragilidad,
con todo lo que nos falta.

Pero es que
ya no nos queda
casi nada,
y el "casi" y el "nada",
son palabras
con las que nunca
hemos comulgado
y a las que siempre
hemos trascendido.
Os recuerdo
que nacimos para vencer,
no para ser vencidas.

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