miércoles, 8 de diciembre de 2021

Cuando bajábamos al portal

Me vino a la cabeza
de repente.
Aquellos días herméticos
y distanciados
en los que bajábamos
los 67 escalones
para ver al abuelo.

Tenías 15 meses.
El abuelo picaba
el telefonillo
y a ti
te cambiaba la cara.
Venía de ver a su mamá,
la bisa Lola,
y nos traía la barra de pan
y algún tupper
de la abuela 'gggggghhhhhh'.
Todavia no había
mascarilla obligatoria
en exteriores,
en Egggghhhpaña
vamos más lentos,
pero el miedo
y el desconocimiento
nos impedían
tocarnos.
Fue el único aire directo
que recibiste
en aquella maratón
de días de encierro.
Mirabas al abuelo
con una sonrisa 
y le echabas las manos.
Pero no podía ser.
El abuelo es comerciante
y autónomo
con todas sus desventajas
y tenía contacto
con gente.
Así que él,
lloraba por dentro
por no poder tocar
a su nieto,
a su más preciado
tesoro desde finales
de 2018.
Hablábamos brevemente
mientras mirábamos
con el rabillo del ojo
que no hubiera
un coche patrulla
para denunciarnos.
Así estaban las cosas
aunque ahora
no han cambiado tanto.

Las ganas de cogerle
en brazos
se las guardaba
para las noches
en que consiguiera soñar.
Las de tocarse y besarse
aunque nunca
lo hubiera hecho 
con sus propios hijos.
Pero ahora estaba
preparado para hacerlo
y la situación de emergencia
no lo permitía.
Hacemos como si nada
y para las personas
que nunca nos ha pasado
nada malo,
seguramente fueron
los días más duros
de nuestras vidas
hasta entonces.

Todos los días
venía el abuelo a vernos
entre cristales y barrotes
habiendo caminado
emocionado,
los 1300 metros
que separan
nuestras casas.
Todos los días
te bajaba a cuestas
mientras te relataba
quién te esperaba abajo.
Dos, tres, cuatro,
cinco minutos después,
subíamos los 67escalones
con la adrenalina suficiente
como para no sentir
la derrota de la
ausencia del contacto físico.

Mi padre,
su abuelo,
siendo un hombre tradicional
de los de antes,
con todas sus precariedades
y necesidades,
fue de aquellas personas
que ejercieron
lo comunitario 
atendiendo
a otras personas dependientes
de cuidados.
Por una vez,
no fui yo
sino él
quién dio ejemplo
de solidaridad
y lazos vecinales.
Yo solo salía
a las 20.00
para aplaudir
por las ventana.

No lo recuerdo,
pero estoy seguro
que de niño te vi 
como un héroe
durante buena parte
de mi crecimiento.
Ya de adulto,
puedo reconocer
que volviste a serlo
cuando más te necesitábamos.

Cuando bajábamos al portal
para verte,
es una imagen
que ninguno de los dos
borraremos de nuestras memorias,
porque en aquellos días
tan surrealistas,
tú nos diste
la cordura,
el empuje
y la esperanza
que tantas veces
perdíamos de vista en casa.

_A mi padre, a su abuelo Pedro_

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