pá mi,
para mi mismo.
Se lo escribo
al rol histórico
que ha cumplido
cada mujer
que ha pasado
por el mundo,
y a las que siguen pasando.
De vosotras aprendo,
de mi madre,
de mis abuelas,
de mis bisabuelas,
de mis vecinas.
La muleta que sostiene
al sistema de bienestar.
La parte en B
sin remunerar.
La cultura oculta
que mantiene a flote
los cuidados.
Si conseguís cuidar,
yo quiero ser
una de vosotras,
quiero estar
a vuestra altura.
Pero sois mucho
más que eso,
os merecéis tanto
que no tenemos vida
para devolveros
el favor.
Cuídense cuidadoras,
nos toca al resto
ejerecer el regazo,
construir el refugio,
proporcionar el abrigo.
No va en los genes,
depende de una educación
desiquilibrada,
de una crianza estanca
y malograda,
de unas funciones históricas
que os han robado
demasiadas cosas
como para no tenerlas
en cuenta en la memoria.
Ojalá y yo
fuera una más
para sumar
en fuerza,
para sumar en número.
Pero no puedo.
Es imposible.
Así que hago
todo lo que está
en mi mano
para llegaros
a la suela de los zapatos.
Hago todo
lo que recuerdo
de la infancia
para intentar equipararme
en los mínimos indispensabled.
Hago lo que mejor
sé hacer
para desbancaros
de lugares en desventaja.
Por el simple hecho
de haber nacido hombre
lo tengo más fácil
en todos los sentidos.
Uno de ellos
y muy importante
es que jamás
me matarán
por el hecho de ser hombre.
Cuidadoras,
quiero ser yo
quién os cuide
o quien
por lo menos
os guarde las espaldas,
no desde el paternalismo
sino desde la lucha
del feminismo.
Cuídense cuidadoras
porque sois el mayor
de nuestros patrimonios
y cuídense de los malvados
que sólo buscan criminalizaros.
O restaros el valor añadido
que lleváis en la sangre.
O robarnos la plusvalía
de vuestra esencia.
Sois lo mejor que tenemos
y nuestro trabajo pasa
por reconoceros,
cuidaros,
protegeros
y algún día igualaros.
Cuídense mujeres
del mundo,
cuídense,
cuídense,
cuídense
como el grito desesperado
que se esparce
para ser escuchado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario