sábado, 15 de abril de 2023

Allá va, Mi Republicana. Primer texto (trilogía a mi perra)

Viniste desde el sur
de la isla esmeralda,
para darle la revolución
que necesitaba.
Mi republicana desnutrida
como un saco de pulgas
que se esconde en el monte.
La campesina que daba cobijo
a todo el compromiso y
la ideología
de un pueblo solidario.
Mi perra clandestina
del mercado de estraperlo,
para darnos calor
en las noches de invierno.

Ya te vas, Mi Republicana,
ondeando libertad,
pero qué tristeza tan profunda
y qué vacío en el sofá.
Que se corra la tinta
con todo lo que te voy a llorar,
mi Aisha, mi salvaje fiera,
mi dulce compañera,
mi espalda a la interperie
ahora que no vas a estar.
Qué diez años
de democracia
de la buena,
de instinto primario con l@s cachorr@s,
de atalaya junto a tu hermano arquero,
el felino,
para defender toda la fortaleza
de La Mariana.

Ella era las más mayor y
la más pequeña al mismo tiempo.
Ya no tengo ninguna
excusa para bajar a la calle 
de madrugada,
con ese frío
que me hacía sentir vivo
y con esos tirones de correa
porque cada una
quería elegir su camino.
Nuestra perra huele-flores
y come-mierdas,
hijo de la gran puta
quien lo quiera entender mal.

Frágil como una polilla,
tengo cada ladrido de verano
con la ventana abierta
grabado en mi hipotálamo.
Ya ni siquiera
podré aliviarme contigo
con humanas razones
cuando los humanos
no me resulten razonables.
Joder Aisha como dueles.
Tu ama lo sabía,
porque fue ella quien
la lamió el lomo,
y las orejas,
y la barriga.
Ella,
que te dio lecho,
refugio y regocijo,
lo supo como si 
te hubiera parido;
por eso lleva ventaja
en esto del duelo,
por eso y por su sensibilidad,
porque ella no hace ruido,
pero se las sabe todas
y es fuerte como un roble.

Esa forma de caminar, 
de pegar saltitos
y de mover la cola.
Atrevida con autobuses,
motos y otros perros,
se le metía el rabo
entre las patas cuando
se encontraba con un globo.
Claro que no era un animalito más,
era nuestra Aisha,
una de nuestras más antiguas alegrías
que ya no respira,
ni late su aliento
encima de la almohada.
Una pena sublime
tan intensamente real,
que se entrelazan
los sentimientos entre
el miedo, la rabia y la añoranza.

Por favor, no me vengas
a hablar de tu perro;
allá se va, mi republicana,
ondeando libertad,
casi mi patria entera,
mi perra por bandera.
Pues claro que politizo
hasta la muerte,
me lo enseñó ella,
como ella le salvó
la salud mental
a mi otra ella.
Eso no lo sabe nadie,
pero yo lo dejo por escrito
para cuando lo pueda 
quemar con tus cenizas.

Te voy a echar muchos de menos
te dijo tu hermano Enzo;
tu hermana Gala
te dedicó una última sonrisa
sin que ya tuvieras fuerza
de chuparla la cara;
tu ama cogió el peso
de tu cuerpo
cuando ya habías perecido
para no olvidarse nunca
de toda tu materia;
y yo, completamente desconsolado,
como los días en que nacieron mis hij@s,
te di las gracias, te besé fuerte
y cerré los ojos
para que todo fuera un mal sueño,
pero cuando los abrí, ahí seguías,
inmóvil y a duras penas
abriendo los ojos.

Te quiero Mi Aisha,
te lo susurré al oído
antes de que te fueras a ninguna parte;
te dije que el placer había sido mío,
que sé de sobra
que has vomitado felicidad
a raudales,
que te has venido a todas partes
y que todo el mundo te conoce,
¿te das cuenta?
Y gracias por criar más
de cuatro años a Enzo
y poco más de uno a Gala;
eso que se llevan
no sé lo dará nadie más que tú.
Qué pasada de perra,
hija de perra
ojalá todas las perras como tú.
Ojalá siempre tú.

Allá se va mi fiel y mejor compañera,
ondeando libertad,
tu ama y tu amo,
las que más te hemos querido,
te harán justicia 
durante toda la vida
mediante la memoria,
el honor y el animalismo.
Guuuuaaaauuuu
todo lo que nos has regalado,
para mí la primera y única.
Te has muerto enrrollada
en mi sudadera del 3 de marzo,
te las puedes llevar, es mi regalo.

_A mi perrita, Aisha_

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