a toda mi Kuadrilla,
hago este pequeño paréntesis
nada relevante,
para llegar a los MIL textos.
¡Guau!
Como mínimo mil veces
que he iniciado un texto
y que le he puesto punto y final.
Por lo menos
han sido mil veces
las que me he parado
a reflexionar.
Mil momentos acumulativos
donde me he expresado
con la suficiente libertad
como para sentirme cómodo
y con la confianza
de hacerlo una vez más.
Mil títulos
donde he contado tantas cosas
que soy incapaz de recordarlas todas.
Ese es mi secreto.
Dejarlo por escrito
para construir una memoria
a la que siempre poder volver.
Una historia sin plazos
hasta el día que me muera.
Una especie de herencia
de tinta y pluma
como legado para mis hij@s
(creo que les gustará).
Incluso una forma
de atajar la vida
por todas sus variantes
y con todas sus contradicciones.
Mil textos suenan a poco
y a muchísimo a la vez.
Me pregunto cuánto tardaría
de corrido en leerlos todos
desde el primero hasta el último.
Cuántas cosas
me redescubriría
y de cuántas me arrepentiría.
Porque empecé a publicar
con veinticinco,
y seguro que hay cosas
que ahora con
treinta y cuatro,
opino radicalmente opuesto.
La evolución de una vida
en mil relatos
(y los que me quedan).
Las personas que estuvieron,
que están
y que seguirán estando.
Alguna que otra
que ya no está
y quizás nuevas que vengan.
Un memorándum-hemeroteca.
Una compilación de sucesos
y de opiniones seguramente veletas.
La antología de un tercio
de mi vida
(año arriba, año abajo)
con el propósito
de seguir haciéndolo.
Hay quien se imagina
escribiendo octogenari@
sus memorias;
aquí sí que puedo decir
que empecé de joven
a hacerlo sin saberlo,
que no perdí el tiempo
en lo que compete
a memoria histórica,
que me dejé pocas cosas sin decir
y ninguna sin pensar.
Además he podido hacerlo
en cualquiera de los contextos.
Ante la más absoluta
de las soledades
y ante el ruido insoportable
de las multitudes.
En casa y en la calle
(sobre todo en los
servicios públicos).
De pie, sentado
y hasta tumbado.
Una vez escribí
parte de un texto
con la mano izquierda.
En diversos cuadernos
que he ido estrenando
y con el tiempo precintado.
Sin ningún estilo definido,
con la progresión
del lenguaje inclusivo
y la certeza de
la discriminación positiva.
Ha sido la única tarea
que no he dejado a medias,
en la que me mantengo
sin haber perdido
un ápice de motivación,
sino todo lo contrario,
como si se equiparase
a una necesidad fisiológica.
Una droga sin efectos
secundarios adversos.
También es una especie
de mapa con chinchetas
de los sitios e ideas
que he visitado,
con mayor o menor fortuna,
con mayor o menor acierto,
pero con la convicción
humilde y transparente
de dejar huella y poso.
¿Cuánta influencia habré ejercido?
¿Cuántos puntos en común
habré compartido?
¿Cuántos me ha ayudado
a abrir los ojos
y a que te sientas
identificada conmigo?
Son mil textos
de los ámbitos y
públicos y privados,
pero todos accesibles
y exhibidos
a mis colectivos y círculos
cercanos.
Sin decírtelo a la cara,
cuánto te habré contado
a través de mis palabras.
No me ganas en sinceridad,
en ganas
y en conocimiento
de todo lo que me pasa.
Es una especie de juego
descompensado
donde te he contado
más de mil cosas
y jamás te pediré
nada a cambio.
Por si no te habías
dado cuenta todavía,
este es el regalo que te dejo.
Un cuento de mil cachos
que aseguren
a tus noches
un fragmento de lectura.
Y con el compromiso
de que esto no ha acabado,
por si ayuda,
por si te aporta algo,
porque lo necesito
como el agua,
el respirar
y los bocados.
Porque Las mil y una noches
de Scheherezade
se le quedan cortas.
Por eso sigo,
para darle importancia
y el merecido reconocimiento.
Este es mi marco narrativo,
el de incluir
en cada relato
a todas las personas
que quiero,
a todas aquellas
que para mí
significan algo.
Sin reproches
ni remordimientos,
habilitando espacios
que se merecen por sus cuidados.
Como si casa uno de los textos
fuese una habitación
de infancia
donde empieza y acaba todo;
un mundo entero
donde tienes
un plato de cena todavía caliente
("Donde viven los monstruos")
Dije que me gustaría
hacer algo
para celebrarlo,
pero no sé si me atrevo
a publicitarlo.
Es y son
mis MIL manera
de agradecértelo,
aunque estés lejos,
aunque haga tiempo
que no nos veamos.
No sabéis
qué es eso
de que me llamen
por haber leído
uno de mis textos
y que se preocupen
por algo que supuestamente
me ha pasado.
Lo de que las interpretaciones
son libres,
pero tomarse las molestias
de ponerse en contacto conmigo
no está pagado.
Que especie de suerte
esto de la escritura.
El de haber empezado un día
hace muchos años
sin expectativas, objetivos
ni estructuras.
Son casi diez años
donde llevo publicando
trocitos de mi radiografía
al completo,
sin digitales ni artificios,
poniendo el folio
a contra luz
para ver aquello
que se esconde
a simple vista.
Me resisto a acabar
este texto 1000,
y que fuera el único
y principio de todo
que recopilase el resto.
Como si todas las
personas del planeta
se fueran dando la mano
poco a poco,
hasta formar
una figura imposibla
donde todavía
nadie ha llegado.
No es por la fama
ni por la meritocracia,
sino por las ganas
de demostraros
todo lo que os quiero,
como si fuera
una tabla de chocolate eterna
de onzas infinitas,
donde puedo asegurarte
que vas a tener
por lo menos una.
Un millar de veces
que te lo he contado
y que te seguiré contando
por miles,
los días que me queden,
absolutamente todo
lo que sea susceptible
de ser expresado.
Que la verdad y la transparencia
sean ideología
en esta era oscura y descuidada.
_A los mil textos de Un Refugio En Tu Portal_
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