Dimite con
soberbia
para que no
gobierne
la izquierda,
¿qué izquierda
gilipollas?
La antigua
delgada
de gobierno,
la que reprimió
las plazas
y criminalizó
a sus gentes,
se va
sin ponerse
colorá.
Lavado de cara,
regeneración
democrátrica,
víctima de
las cloacas,
al final
se cambian
cosas
para que luego
no cambie nada.
Lampedusa.
La jugada perfecta
del partido muleta,
fuera
la presidenta,
sin moción
de censura,
no hay vendeta.
Todo bien.
Todo en su sitio.
Máster regalado,
máster olvidado.
Millones de votos
sin saber muy bien
para qué,
de nuevo
perpetrados.
Que nos lo cuenten
en 2019.
La esperanza
es para los
cuentos.
Otro candidato.
Otro circo.
Otra mentira.
Somos esclavos.
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