miércoles, 4 de abril de 2018

El testigo

El Testigo
no es solo
el primero 
en saberlo;
tampoco
es solo
el que más
tiempo hace
que lo sabe;
sino que además,
es el único
que lo sabe 
absolutamente
todo.

Se dispone
y organiza
como un
libro abierto
envolviendo
de misterio
el argumento
y protegiendo
con su vida
el final del cuento.

Su papel
es importante
y los nervios
se lo recuerdan.
Sufre en soledad
la lluvia de ideas
en medio
de un desierto
mortífero.
Tarda meses
en llegar,
exhausto,
al esperado
oasis
donde por fin,
puede colectivizar
sus conclusiones.

Para dicho
proceso
solo están
preparados
unos pocos
y en mi caso,
no acerté
por azar,
sino por
el puro
convencimiento
de que no me iba
a equivocar.

El Testigo
es el ojo
que nunca
te pierde
de vista;
la llamada
nocturna
que te concilia
el sueño;
la apertura
necesaria
cuando
te encuentras
en arenas movedizas,
en definitiva
la clave
del código
que por ti
solo
averiguaste.

Y el día
en cuestión
para el que
llevaba
más de un año
preparándose,
se levanta
digno
para sufrir
y sentir
con intensidad
todo lo que
ha de acontecer.
Se viste
de lo que 
le dijeron
matizado
de valentía
y saber estar. 
Y además
sonríe,
sonríe
con dulzura
y humildad
saboreando
cada segundo
del guión,
soprendiéndose
infante
ante lo
oportunamente
improvisado.

Nuestro Testigo
no es un cualquiera,
tiene nombre propio
y se llama David.

- ¡Qué suerte la nuestra!- dice.
- No has visto la mía, hermano- le pienso.



_Del que más aprendí. A Posi_

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