El E3 que conecta
mi barrio periférico
con el centro cambiante.
El E3
en el que a veces
nos encontramos.
La única línea
de la EMT
donde ha habido
un secuestro
in-situ,
amenazas
por armas
de risa.
El autobús
que conduce
mi Tito,
el más bonito
que me vio crecer,
no el autobús,
sino mi Tito.
El E3
que encadena
mi rutina diaria,
donde de vez
en cuando
relleno de tinta
las hojas en blanco.
El E3
que me aprisiona
de gente,
desconocida,
anónima,
la misma
que no deja
de sorprenderte.
El que me acerca
a casa
y a la tranquilidad
que busco.
El único exprés
que me gusta
no siendo café.
El E3
que numera
mis pasos,
el que alfabetiza
mis pensamientos.
La primera línea
que conozco
donde,
a través
de sus cristales
con vaho,
se pueden ver
un cementerio,
las nevadas cumbres
y las travesuras
de la luna,
todo,
al mismo tiempo.
Mi bus preferido,
porque para
colección de cosas,
cada uno elige
las suyas.
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