Pues yo con el izquierdo,
no por nada,
sino porque llevo
toda la vida dando
los primeros pasos
con el izquierdo
y abriendo y sujetando puertas 🚪
con la mano 🫱 menos habitual.
Costumbres y rituales
sin superstición,
solo convicción.
Con la apertura
del nuevo curso
llegan cambios,
muchos tipos de ellos.
Los nuevos,
los viejos conocidos,
los peresozos,
los que desgastan,
los sorpresivos...
Y con ellos
el incremento del tabaquismo,
el futuro potencial
de la desinflación de mi cuerpo,
que no del IPC,
las novedades en las rutas,
los nervios en el estómago
y la progresiva pero lenta
bajada de temperaturas.
También son los días,
en que llegar a casa,
me reconforta como nunca.
Dormir devastado
y llorar camuflado
por no estar tan presente
hasta las próximas vacaciones.
El peso de la experiencia,
tanto para bien,
como para mal,
y el bagaje de las expectativas
que te hacen frenar
o impulsarte veinte metros
según que momento.
Solo hay dos cosas
que van a ser invariables.
El sueldo mísero
de mi acompañamiento profesional
y la ausencia sin retorno
de mi acompañante favorita,
la reina del barrio.
Lo que la voy a echar de menos
no cabe escrito
en ningún cuaderno;
lo que la voy
a pensar y desear,
conformarán el anhelo
hasta el reencuentro.
Bueno, cada una con sus estrategias,
mecánicas e incluso artimañas.
Yo, con el pie izquierdo, siempre.
Insisto, no por llevar la contraria,
sino porque para llegar
a mi Refugio
las reglas son otras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario