con el acercamiento
de las posiciones
y el amor expansivo,
el cariño terminológico
se acentúa.
Por eso pasamos a ser
mami y papi.
Es una cosa medio
automática,
como cuando
se balancean
en el columpio
y cantan por defecto;
o como cuando suenan
algunos acordes
y comienzan
a mover el cuerpo.
Luego se les va pasando,
como si el transcurrir del año
nos alejase de la intensidad
íntima de la convivencia.
Y como tantas otras cosas
luego las echaremos de menos
con esa especie
de remordimiento
por no haberlo
sabido aprovechar al máximo.
Pero es inevitable,
hay cosas que hasta
que dejan de suceder,
no las valoras debidamente.
También es un hermoso
contagio entre herman@s,
capaz de lo mejor
y al mismo tiempo
de lo más duro de la crianza.
Me conformo con que
haya existido
y con que haya sido capaz
de verlo y sentirlo.
Pero me sigo sorprendiendo
por todo lo que anhelamos
durante el curso
y luego,
cuando tenemos la opción,
perdemos el tiempo
y las oportunidades.
Mami y papi suena bien,
diferente, nostálgico
y evolutivamente temporal.
Es la propia cadencia
del manifiesto de las palabras
lo que de alguna manera
me enternece,
lo que me recuerda
dónde y cómo
poner el foco,
especialmente
en esos momentos
que con un devastador vacío,
no sé muy bien
por dónde tirar.
Mami y papi es como
ese momento justo
en el que las Nubes ⛅
tapan el sol 😶🌫️
y tengo la oportunidad
y el permiso
de disfrutar colmado de paz.
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