a hablar de algo
potencialmente alejado
de tu realidad
hasta que se produce
un acercamiento inevitable
de lo que nunca
pensaste que podía llegar.
Esto ocurre
porque seguimos
llenando la vida
de simplificaciones
para que no nos resulte
insoportable
el tránsito de la misma.
Estamos equivocadas
sin pensamos
que la empatía
debe de ser la causa
de la equidistancia.
Un diagnóstico equidistante
sufre una carencia
de empatía tan importante
que provoca más confusión
que certezas,
produce más dolor que alivio,
mengua el derecho
a la información y al conocimiento
que merece el concepto de verdad.
Infantilizar al paciente
por una clara falta de confianza
en sus aptitudes,
es como pensar
que los niños y las niñas
necesitan un entrenamiento
planificado por l@s adult@s
para su buen desarrollo.
Estamos gilipollas.
Entrenamientos para militares,
no para civiles.
En todo caso,
no hay nada más
premaligno que las actitudes
humanas aprendidas.
La otra parte no se elige,
te toca o no,
y es todo un aprendizaje
conseguir vivir con el ello.
Y tienen derecho a sentirse
como quieran o puedan sentirse,
que para eso son ellas
las que padecen los males,
faltaría más.
El reto, una vez más,
es encontrar la manera adecuada
en que necesitan ser acompañadas,
sin coletillas, sin esperar
un turno de contrargumento,
sin ego y sin comparaciones
o ejemplos personales
que en ese momento
no le interesan a nadie.
Es duro acompañar así
y no sentirse correspondida,
pero nadie se libra
de la mediocridad
ni muchas veces
de la miseria.
Tal y como pasa
en la educación pública,
las profesionales de la sanidad
tienen la responsabilidad
moral y social
de defender un ámbito
de calidad y tan humano
como el que se ejerce
desde cualquier hogar
sea como fuere la familia.
Puede que haya razones,
pero no te escondas en excusas.
A todos y todo lo premaligno:
que os den y mucho por el culo.
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