sábado, 23 de agosto de 2025

La balada de Lillo del 25

Como cada 1 de agosto,
partimos temprano
sin saber que iba a ser
un verano terrorífico
de incendios;
pese a la pena,
seguimos simplificando
la vida a más no poder
para sentir la condición 
de supervivientes.

Todo empezó 
por los toboganes
de Valencia de Don Juan
y las lagartijas 🦎 🦎 de Lillo.
Todo lo conocido reconforta
y todo lo nuevo te impulsa;
hay veces que con,
con un equilibrio compensado 
y otras con
un caos impredecible,
pero los errores fatales
lo son precisamente 
por la gravedad de los hechos.

Tuvimos Cabezudos 
de ida y vuelta.
En la ida hubo llantos,
durante la vuelta
cogimos la espada por el mango.
Porque para eso
sirven las experiencias,
para ser recordadas 
hasta que llegue
el próximo verano
y mejorarlas con
todas tus ganas.

No hay fotografía
como la de bañarse
bajo la sombra
de una montaña ⛰️,
la misma que vemos 
al subir las persianas 
esos primeros días de agosto.
El agua helada
para despertar
viejos significados
y la hierba punzante 
para tocarte en sitios
que hacía tiempo
que habías abandonado.

¿Qué decir de las noches?
Quiénes les tenga miedo,
se las tiene 
en cualquiera
de los puntos cardinales 🧭.
A mí me dan tanta pereza 
que no les doy el calor
que socialmente 
se les reconoce,
pero lo entiendo,
a cada cual 
le da miedo una cosa
y las intensidades son variables,
el resto pasa por respetarlo
con la suficiente ternura,
que es lo que a mí 
me falta a veces.

Estar de vacaciones 
siempre es una buena noticia,
o casi siempre (menos
las obligadas).
Pero llegar a sentirlas 
es verdaderamente 
lo complejo y necesario.
Es tanto el lastre
que se arrastra durante
el curso, que cuesta
desprenderse a 40°
mientras los bosques arden 
y las ciudades son masacradas.
Que se lo digan a Machado
y a toda la sociedad de Gaza.

Por eso no hablo 
demasiado de los lugares
sino de las sensaciones.
Cambiar de paisaje ayuda,
pero en pocas ocasiones
soluciona gran cosa.
En todo caso me relaja
ver el planeo de las cigüeñas,
la velocidad del alimoche 
o el aleteo de las golondrinas.
Ojalá cada vez más ave
y cada vez menos miserable.

Y por último las visitas,
tanto las planificadas
como las inesperadas.
Compartir y convivir 
en sitios poco habituales
siempre favorece
el crecimiento repentino.
por eso y por lo que no está escrito:
GRACIAS,
gracias por caminar
cada una con su calzado 👟,
adaptndo el ritmo
para poder seguir al lado.

_A mi familia en vacaciones _

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