domingo, 4 de diciembre de 2022

Dos semanas completas

Menudo desparpajo
el de la niña
con su actitud, porte y esencia.
Desde los siete meses,
intentando adaptarse
a un medio
deliciosamente planificado,
tanto por la parte pedagógica
de la escuelita,
como por nuestra 
contribución organizativa
plenamente delineada.

Y lo ha logrado.
No teníamos ninguna duda,
pero siempre aterran
los cambios.
No ha sido tanto el resultado,
que insisto era previsible,
sino la andadura por el proceso.
Poder estar presente
para regar de semillas conocidas
un ambiente nuevo.
Poder ser modelo
mediante las acciones
y proporcionar información
intrínseca
que no subyace
de la primera entrevista,
pero de la que sí te nutres
estando activa.

Teníamos tiempo,
pero es que además
le dimos una vuelta de tuerca
para tener en cuenta
hasta el más mínimo detalle.
Porque sabíamos de su importancia
de hacerlo de una manera 
determinada,
incluso lo de contar
los días de ausencias
por las primeras enfermedades.
No pedimos una medalla por ello,
pero sí que pedimos,
dentro de las posibilidades,
que cada familia
se esfuerce
en la incorporación de
su tesoro más preciado.

Nos sabíamos la teoría
de sobra,
pero ponerlo en práctica
ha sido como un sueño olímpico,
una realidad deseada y deseable
para todo el mundo,
un aprendizaje o miles de ellos
que solo nos han reportado
tranquilidad, bienestar y cercanía.
La intimidad de unos cuidados,
perfectos, exclusivos e intransferibles.
Con la condición de convivir
con sus iguales
y experimentarlo como algo
positivo y necesario
para el desarrollo evolutivo.

Y no solo ha sido ella
la acompañada,
sino que nosotras
también hemos sido
tomadas en cuenta,
con todo el protagonismo
que conlleva
y con todo el partido
que se le puede sacar.
Es como magia.
No sabes cómo lo hacen,
aunque te lo explican
por activa y por pasiva,
y ocurre, se cumplen
las expectativas,
que una vez más
se ven superadas
por lo que te parecía imposible.

La pena es que esto
solo ocurre en algunos sitios.
Nuestra suerte es que
pertenecemos
a uno de esos sitios,
tanto en lo personal
como en lo profesional.
La tarea pendiente
es que todos los sitios
se parezcan a estas vivencias
que estamos experimentando
de primera mano.
El objetivo está en visibilizarlo,
en creértelo y en ejecutarlo.
Las Nubes es el techo,
no hay casi nada
por encima de ellas.
Muy parecido 
a lo inexplicable o incomprensible
de la expansión del universo.

Y yo lo cuento
por allí por donde caiga,
como si fuera un juglar 
intentando transmitir
la tradición oral
de lo mejor que se merece
la infancia.
Lo nombro
para hacerlo verdad,
una verdad irreductible
que es posible
por la mirada
de un puñado de personas
que son extraordinarias.
Personas con problemas
personales, sociales y económicos
parecidos a l@s tuy@s y a los míos,
pero que son tendencia
y marcan la diferencia
en lo suyo,
en lo de acompañar
a la más temprana infancia.

Por lo pronto
y más allá de los derechos 
conquistados,
se merecen un sueldo
de ingeniería,
y ser vistas y tratadas
como auténticas
astronautas de la NASA.
Claro que en todos
los sitios cuecen abas,
este no es distinto,
por lo que habrá 
que seguir poniendo
la cara y seguir golpeando
simbólicamente la mesa,
para exigir lo que nos merecemos,
sin medias tintas
y con el mismo empuje
con el que defendemos
este modo de hacer.

Empecé hablando
de su desparpajo
y he acabado escribiendo
sobre las responsables
de sus éxitos,
todo está relacionado,
y hay que estar a la altura
para saber verlo, reconocerlo
y saborearlo.

_A todas mis compañeras y amigas que acompañan a Gala noche y día, especialmente a Berta y Cynthia_

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