viernes, 16 de diciembre de 2022

Cómo le mira

Nunca había visto
mirar a alguien
a otro alguien 
así.
Es de mis últimas
cosas preferidas
que he añadido 
a la lista:
la de observar la estampa
de cómo dos seres interactúan
y se miran asombrad@s
por la presencia del otro.
En esas están.
En conocerse sin prisa
porque para ell@s el tiempo
todavía no cuenta nada.
Así que se recrean,
se miden,
se retan,
se provocan
y se quieren.
Creo de verdad
que han empezado a quererse.

Pero lo que más me maravilla
es cómo le mira,
sobre todo ella a él.
Con esa admiración
que no sé qué significados tiene,
pero que los tiene, seguro.
Le sigue la mirada,
en estático,
como si le fuera
la vida en ello
mientras retuerce su cuello
hasta límites imposibles
para no perdele de vista.

Debe sentir que 
cada fotograma
es importante,
como si fueran pistas vitales
que la indican
cuál podría ser su camino.
Es la ternura personificada
en dos herman@s
que cachorrean
para sin saberlo,
mejorar el contexto.
Que envidia les tengo
y al mismo tiempo
qué suerte tenerles.

Sé que no les durará
toda la vida
porque nada nace
con vocación de eterno,
pero por el simple hecho
de experimentarlo
con esa fortaleza tan primaria,
ya les reporta beneficios
que les aventaja al resto.
Ell@s se lo guisan
y ell@s se lo comen
mientras sus mayores
sacamos las palomitas
y disfrutamos de una película
gratuita, conmovedora
y potencialmente galardonada.

Lo que aprendemos observándoles,
no es más que un recordatorio
de lo que ya vivimos
en nuestras carnes, a nuestra manera,
hace ya mucho tiempo.
Una especie de sorpresa
que nos regalan altruistamente 
que recibimos 
con el gesto abierto.
Cuando su hermano se acerca
y ella lanza un grito tensionado
de una emoción desbordada,
por todas las posibilidades
que se le abren.
Agita sus brazos
cual cría de pájaro
que quiere lanzarse
desde la copa del árbol
para su primer vuelo,
el mismo para el que está
preparada genéticamente.
Sus manos se cierran
y se abren
como cuando se expresan
los gestos de 'dar y tomar',
y todo su cuerpo se sacude
en la escala richter 
más alta posible.
Como si las tuviera,
bate sus alas
para despegar 
los pies del suelo
ante la emoción
de lo que acontece.

Claro que hay encontronazos
y claro que surgen desacuerdos,
pero es que debe de haberlos
para llegar a un mejor entendimiento.
También existen las explicaciones
y la posibilidad
de nuevas alternativas,
hay causas y consecuencias,
hay ensayos y errores
y por supuesto está el perdón,
la palabra más humilde
que están aprendiendo
hasta el momento.
No son pocas veces
en que la intensidad
logra desbordar el río,
para eso acompañamos
desde lo comunitario,
para que el cauce siempre
vuelva a cobrar sentido.

Sabemos que esto es pasajero, 
que vendrán otras etapas
con cosas mejores
y cosas que necesitarán
una vuelta de tuerca profunda,
pero mientras dure,
nos incluiremos en esta 
fotografía en blanco y negro
para permanecer estáticas,
pero nunca ajenas.
Gracias cachorr@s
por ser una clase magistral 
en constante movimiento.


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