que después de secarse
permanece en la planta.
Así hemos vivido
los últimos días de febrero
y los primeros de marzo.
Nos hemos vaciado
por dentro
para ofrecer todo
lo que estábamos
dispuestas a dar.
Un caudal extenuante
de fluido
compuesto
por sangre y agua
en forma de parto
y emoción.
Hemos puesto
encima de la mesa
toda nuestra voluntad
de seguir haciendo las cosas
lo mejor que sabemos.
Y lo hemos conseguido,
porque aunque exhaustas,
estamos colmadas
de bienestar.
Febrero se marchita
para permanecer
en marzo intactas,
esperando la lluvia
y todo lo nuevo
por aprender.
Nos vestimos de exploradoras
con el ánimo de descubrirnos
y descubrirles
en las nuevas circunstancias.
No nos asusta,
pero sí que avanzamos
con cautela
ante las posibles
adversidades,
que las habrá,
para poder confrontarlas
con la misma mirada
de respeto de siempre,
con la humildad
que le falta a Europa
y con la contundencia
del NO A LA GUERRA.
Un mes de marzo
en el que caben
las palabras
casa, hogar y familia,
conciliando por una vez,
todo y lo único
que necesitamos:
a nosotras mismas.
Nunca dormiremos
lo suficiente,
pero es que
no queremos perdernos nada.
El tiempo apremia,
y precisamente por eso
no gastaremos en vano
ni un solo segundo.
Somos las hojas secas
de lo que alguna vez
perdiste,
arraigadas radicalmente
a la única cosa
que nos pueda salvar,
se llame cómo se llame,
se pongan cómo se pongan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario