es el mayor
de los impostores.
Ahora, quién defienda
la verdad
para acoger
al resto de la humanidad,
ése, ésos,
son los buenos.
Como verdad son
los desplazados y refugiados
vengan de donde vengan.
Todo el rigor
vacío de rédito
será lo único
que nos salve.
La legitimidad del miedo
es una verdad absoluta
que nos conduce
a lugares distintos
según como sintamos.
No nos hace mejores
ni peores,
y tampoco tendría
que hacernos equidistantes.
El análisis, la reflexión
y la organización de los esfuerzos
que se vayan a depositar,
es lo único que ayudará
a gestionar la información
para ponerla de nuestro lado,
del de todos y todas,
sin excepciones,
por mucho
hijo del gran puto
que exista.
Porque sino
seríamos ellos,
y yo prefiero estar muerte.
Las bombas
que nunca hemos utilizado,
las mandamos ahora
para que las utilicen otros,
para tener más oportunidades
aunque eso quiera decir
que ellos tengan menos.
Nunca nos atrevimos
a sublevarnos,
sin embargo ahora
somos expertos geopolíticos.
De internacionalistas nada chavales.
Siempre miramos a otro lado
cuando ni siquiera
nos alcanzaba la vista.
Ahora parece
que se nos pone
la piel de gallina,
vaya doble rasero,
no sé cómo podemos
convivir con nuestras
incoherencias y levantarnos
al día siguiente.
Es durete transitar
por este mundo,
pero me resulta insoportable
la mentira y el cinismo,
eso es una certeza universal.
Por eso tendemos
a simplificarlo todo,
porque sino querríamos
morirnos varias veces al día.
Nunca hay justificación
para una guerra
porque seremos
las de siempre
las que salgamos perdiendo.
Yo no quiero esto
para mis hij@s,
ni para mis amig@s,
ni para las personas
que quiero
o incluso para las que me dan igual.
Quiero que vivir en paz
sea la única verdad.
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