lunes, 15 de noviembre de 2021

La abuelita de Clara

La abuelita de Clara
siempre va con las gafas
y la mascarilla caídas.
Camina bajita
y agachada
como la mamá pata
que guía a sus patitos.

Llega a los sitios
cuando y como puede,
sin reproches 
ni pizca de remordimiento.
Siempre escucha
con atención
lo que se le tiene que decir,
como si ella no supiera
de qué va la vida,
y la crianza,
y la organización familiar.

Ha sido "madre"
por segunda vez
desde que nació
su primera nieta
que ya va a primaria.
Tiene dos más,
y dos hij@s
hiper dependientes.
Se podría decir
que es la matriarca
de una familia
con poca estructura,
de bajos recursos
y con escasas oportunidades.

No se ha vacunado
del Covid
y se cura sus males
con remedios ancestrales.
Su risa esquiza
y descontextualizada
no provoca rechazo,
sino todo lo contrario.
Produce atención
y una escucha activa,
las mismas
que reclaman
las buenas historias.

La abuelita de Clara
es un claro ejemplo
de resiliencia.
Se inmiscuye
en la burocracia
sin estrategias
ni ápices de vergüenza;
busca y encuentra enseres
para sus cachorras;
y sobre todo
acompaña a la infancia
con ciertas precariedades,
pero no más que los ricos.

Si se cae,
se levanta,
y aunque llegue tarde,
siempre acaba llegando.
Eso es lo que cuenta.
Ella lo intenta
desde que se levanta
hasta que se duerme
sin actitud de derrota
mientras le deja
la tablet a la
nieta pequeña,
con la cual
comparte cama
y casi lactancia
de una manera simbólica.

Ella se encarga de las idas,
de la recogidas,
de las niñas
en toda su existencia.
Y de sus propios delirios,
esos elementos mágicos
que se ha ido elaborando
para soportar
la crudeza de lo que en su día
venía buscando
supuestamente 
en un país mejor.

Otra vez pobreza,
otra vez lucha de clases,
otra vez falta de cultura
y de altura,
y machismo,
y racismo,
y capitalismo.
Así que la abuelita
de Clara
hace lo que mejor sabe,
situarse detrás
de sus nietas
para ver siempre
en qué direcciones corren.
Y aunque a la marcha
ya no consiga alcanzarlas,
ella sabe
que nunca cruzarán solas
el paso de cebra,
y eso,
lo ha conseguido ella sola,
sin ayuda de nadie,
tal y como discurren
sus días.

Su nombre
empieza y termina
por la misma vocal,
igual que la palabra
abuela.

_A la abuelita de Clara_

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