he conseguido
escribir sobre
900 cosas distintas.
Con cada centena
cicatrizo viejas heridas,
así que sigo
en proceso de recuperación;
no sé si acabaré
algún día.
Novecientas veces
que me he puesto a escribir
y novecientas veces
que he llegado a un final.
Porque siempre
ha sido más fácil
empezar que terminar.
Yo, por ejemplo,
he comenzado cosas
cientos de veces
y cientos de veces
las he dejado a medias.
Alguna vez
me lo han reprochado
pero,
de intentos
está llena la vida.
Novecientos textos
como el anarquismo
de Novecento de Bertolucci.
Celebrar
los números y las ideas
es de mis cosas favoritas
del mundo.
La adrenalina
de publicarlo
y releerlo
varias veces
para corregirlo,
para aprehendérmelo;
incluso así,
seguirán habiendo
faltas, incoherencias,
contradicciones.
Me acuerdo
de cada uno de ellos
y de sus significados
como las viejas fotos
de un salón grisáceo.
Los repaso
para recordarme
de dónde vengo
y a dónde quiero ir.
Los guardo como guardo
las cosas a las que le tengo
un especial aprecio
con el ánimo
de mantenerlo
para 'siempre',
pero 'siempre'
casi siempre
resulta decepcionante.
Menos nosotras,
que somos la excepción
que rompe la norma,
y eso,
requiere un
esfuerzo constante
que no todo el mundo tiene.
Por ello jamás
repetí un título,
segundas partes
incluso terceras
sí que tuvieron,
pero jamás
dupliqué un título,
y eso se lo debo
a mi memoria.
_A "mis" novecientos relatos_
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