No me refiero a los días,
ni al grado de discapacidad,
ni al número de muert@s.
De este que me ocupa hoy
no saldrá nada negativo.
En medio de todo y de nadie
al mismo tiempo,
rompes la equidad de Marzo
que tanto nos gusta.
Te toca soplar velas
en circunstancias excepcionales
sin salir de la cocina.
Míralo por este lado,
nos fumamos ese claustro
tan poco conciliador.
O míralo por este otro,
calles vacías
porque tod@s estarán
celebrándote en sus casas.
Los aplausos de hoy,
el aliento de mañana.
Lo haremos juntas
y sin interrupciones
en 50 metros cuadrados.
Lo que nos quede
no es suficiente
para todo lo que nos queda
por demostrar.
Si yo cumplí años
con un terremoto,
tú lo haces
con una pandemia y un ERTE,
de momento,
de regalo.
Podrás ver desde la ventana
la lluvia y las sirenas azules;
quedarte en pijama
con un moño de mercadillo
acordándote
de todo lo que podrías haber hecho
y de todo lo que harás al salir,
porque las únicas criaturas que salen son
las palomas,
las cotorras argentinas
y los conejos urbanos.
Pedimos solidaridad
con un bizcocho casero
y exigimos a la monarquía
que de un paso atrás
y tú seas la reina de nuestros días.
La supuesta edad de Cristo
no la celebraremos
con muñecos de madera,
ni de plástico,
ni de cartón;
lo haremos con la carne,
mediante los huesos,
alguna lágrima
y muchísima emoción.
Por la sangre de nuestra sangre
te lo juro yo.
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