y confiadas por
lo que está por venir,
que no sabemos qué
ni cómo vendrá,
pero que en todo caso
nos hemos preparado para ello.
Asumimos el reto
del nuevo año
que no es más
que las expectativas
y deseos que nos conforman.
Llegarán los éxitos y las conquistas,
las sorpresas emocionantes
y algunas decepciones profundas.
La construcción de una misma,
que será por la relación
con l@s demás,
se compone de todo eso.
Es inevitable pensar
en todos los errores futuristas
que nos atravesarán
de arriba a abajo,
pero haciendo un esfuerzo
y concentrando las energías,
beneficia mucho más pensar
en el advenimiento
de todo lo bueno.
Existen proyectos
en los que tenemos depositados
todos nuestros objetivos
y no tenemos la certeza de sus resultados,
pero lo hemos planificado y pensado
de tal manera
que hasta el más mínimo
detalle ha sido contemplado.
Eso no excluye
los grandes descubrimientos
ni los matices inesperados.
No nos exhime de la tristeza,
la nostalgia o el disgusto.
No sanará
la transversalidad de una rabia
que nos acompaña
en el día a día
por las injusticias
que sentimos.
Pero cada vez tenemos menos culpa
y resignación.
Cada vez confrontamos
más y mejor,
con la suficiente empatía
como para no avasallar al resto,
con la necesaria solidaridad
para hacer hueco
y caminar juntas.
Regresamos,
o más bien pienso
en regresar,
de la mejor manera posible,
siendo facilitador y conciliador
de cualquier drama
que quiera presentarse.
Se lo debo a ell@
y me lo debo a mí mismo.
También pienso fallar menos,
equivocarme muy de vez en cuando
y pedir perdón
por encima de mis posibilidades
por si eso ayudase
a alguien o a algo
a encontrar cierta calma.
He vuelto y voy con todo.
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