viernes, 12 de enero de 2024

Día 136 de oposición

Nos ganan la partida
las bacterias
y nos tienen la moral minada.
No solo es el desgaste físico,
sino la continua preocupación
que nos desarma.
Es imposible mantener
indemne el estado de ánimo
como imposible resulta
abrir el ojo para enfocar.
La logística, por suerte,
la tenemos cubierta,
pero la presión constante
hace mella
en la consecución de los objetivos.

En este caso el tiempo es recuperable
pese a que pasen los días,
ahí no tenemos dudas,
la cuestión es cómo
estaremos de preparadas
para hacerle frente.
Las prioridades están claras,
pero no es menos verdad
que se tambalean
entre diario
mientras soportamos el peso
del padecimiento,
que lo tiene,
y muy fuerte.

Te da por pensar
en qué lugares
te gustaría situarte
para aportar más de lo que aportas,
pero la sensación es la de siempre,
la de que llegas tarde
o la de que directamente
no llegas ni se te espera.
Así de duros son los procesos
cuando no te quedan fuerzas
ni para valorar todo lo
que previas se ha conseguido.
Es como lo de quedarte 
siempre y solo con lo malo
obviando por el camino
los ratos divertidos.

Pero ante la enfermedad
no se puede hacer otra cosa
que arrastrarte como si
ya no pudieras caminar
hasta que un día,
sin propornértelo,
sales del pozo 
sin haberlo planificado.
Igualmente, cuesta tanto
y la factura es tan grande
que las secuelas son inevitables.
Mientras, a tu alrededor,
muere gente de manera injusta
y te da por pensar
que eso es lo único irreversible.
Si bien no vale como empujón
porque la tristeza te detiene,
relativizas ciertamente 
todo lo que te pasa
para enfocarlo
desde otra perspectiva.

El esfuerzo sigue siendo
demasiado grande
mientras intentas adaptarte
al sistema,
un sistema lleno de trabas,
trampas y callejones sin salida.
Pese a todo,
el optimismo no se pierde,
solo queda relegado
al fondo de un cajón
que olvidaste momentáneamente
que tenías su llave.
Cuando lo recuperas,
se reinicia la maquinaria
sobre humana
de reinventarse una y otra vez,
sin descanso,
desafiante y audaz
de todo lo que te ha mantenido
paralizada.

Sabíamos a lo que veníamos
y conocíamos de sobra
las fases del duelo
por las que pasas,
por orden,
una y otra vez,
hasta que llegas a la meta;
solo que llegar a la meta
puede ser insuficiente,
esta vez,
te obligan a llegar de las primeras
para que exista la posibilidad
de saborear el postre.

Puede que a ti no te consuele,
pero a mi sí que me colma,
pase lo que pase,
lo mejor y más bonito
de nuestra vida
ya lo tenemos.
SEGUIMOS.
INSISTIMOS.
RESISTIMOS.
VENCEREMOS.

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