y ya no me queda
ningun sentido intacto.
El otro día me reprocharon
que no voy al médico
cuando llevo más de un año
revisándome y descartando.
Claro que respuestas pocas,
sigo prácticamente
con las mismas dudas
y casi nada resuelto.
Tengo el tímpano reventado
aunque ya está cicatrizando.
Lo que se escucha en las ciudades,
debería de quedarse
en las ciudades
y no trascender
a los árboles, los ríos o los pájaros.
Iré recuperando la audición
poco a poco,
principalmente
porque me gusta más
escuchar que hablar
y eso no lo va a cambiar nadie.
El olfato olvidado,
no me cansaré de repetir
que no sé cómo huele mi hija.
Es verdad que me ahorro
el edor de la podredumbre
y la corrupción,
pero también siempre digo,
que no he salido ganando,
ni en broma.
Dijeron que sí podía
ser del cerebro,
pero el cerebro
sí que lo tengo intacto.
La memoria también.
El gusto lo he perdido
a consecuencia
de haber olvidado el olfato.
El mensaje que me debería
llegar del cerebro
está claramente dañado,
es defectuoso,
lo que sí tengo
es el potenciador del sabor,
cada vez con menos sal
por eso de la tensión.
La vista vive imersa
en una neblina
que ya le gustaría
a Unamuno,
ha sido el último sentido
en "verse" damnificado.
Puede que el enfoque
sea borroso,
peor la perspectiva
y la globalidad
las tengo,
y no pienso renunciar a ellas.
Y el tacto, ay el tacto.
Todavía puedo sentir
la propiedades de lo que toco,
pero acumuló demasiadas
cicatrices en mi piel
que me recuerdan
momentos no tan buenos
y momentos que ojalá
nunca hubieran pasado.
La sequedad, la hinchazón,
la irritación y la irascibilidad
de mi tacto,
me acompañan conscientemente
cada vez que toca
o que me tocan.
Eso sí, nunca lo haré
sin el debido consentimiento.
No me queda ningún sentido intacto.
Son las consecuencias
de una vida
que si bien es mejorable,
se nota que la estoy aprovechando.
El día que no sienta nada
me habré muerto
y ahí sí que sí,
ya no me quedara nada,
ni siquiera Dios.
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