miércoles, 1 de febrero de 2023

Enero en un suspiro

Nos hemos ventilado enero
en un suspiro;
piénsalo,
ayer te estabas comiendo las uvas
con los nuevos propósitos
en mente,
de los cuales,
ya has desechado
más de la mitad,
reconócelo.
La sensación universal
de las adultas
de que cada año que pasa,
lo hace más rápido que el anterior.
Estás en navidades
y cuando suspiras
ya ha llegado el verano;
coges vacaciones
y cuando pestañeas
ya te estás reincorporando al curro,
quien lo tenga, claro.

Por lo menos,
en este enero
ha hecho la temperatura 
que tenía que haber,
máximas no muy altas
y heladas de noche.
La pregunta aquí es
cuánta calefacción
nos podemos permitir.
Por mi parte,
igual que se me ha pasado 
enero volando,
las malas vibras 
también lo han hecho.
Lo único malo
es que cada vez
queda menos para el verano.

Me regodeo en la calle
con el abrigo y la cremallera
subida hasta arriba
y me imagino
en cuando me sobre
hasta la piel,
de cuando nos llegue
el calor infernal de las ciudades.
No lo puedo evitar,
es superior a mis miedos.
Por eso nos hemos apresurado
a reservar nuestra escapada
al norte durante los meses
más calurosos.

De momento nos va bien,
con planes bonitos
por delante
y un estado de ánimo
ocioso, tranquilo y confiado.
Disfrutamis de los curros,
de la felicidad de nuestr@s hij@s
y de las buenas noticias sanitarias
que hemos recibido últimamente.
Por cierto, acabo de recibir
la cita con el otorrino
con cinco meses de retraso.
Estamos durmiendo mejor,
estamos viendo a quien
nos apetece y nos deja
y seguimos creciendo
física y emocionalmente
sin apenas dificultades.

Ayer intenté explicarle
al cachorro más mayor
lo que significa la palabra paz
y la palabra desarrollo.
Le relacioné la palabra paz
con las sanas estrategias
que utilizamos
para relacionarnos
y con las emociones
de estar contentos y alegres.
La palabra desarrollo
se la relacioné con
el hecho de seguir creciendo
en cuerpo y alma,
con que nos salga
pelitos en los brazos
y con las venas del pene
en comparativa,
cuando terminamos de ducharnos.

Algunas noches 
nos llama llorando,
de habitación a habitación
y reclamo porque le toca,
diciendo que le duelen las piernas.
Le masajeamos las piernas,
le damos placebo de agua
con apiretal
y nos acostamos con él
hasta que vuelve
a conciliar el sueño.
Solemos pensar
que es porque está creciendo,
al menos,
es lo que nos han dicho
siempre de pequeñ@s;
como lo de que si te pica
la herida
es porque se está curando.

Mientras tanto,
la pequeña también
sigue desarrollándose;
intenta imitar la risa,
cierra los ojos forzadamente
para hacer gracia
y te señala todo aquello
que quiere.
También hace gestos concretos 
para indicarte qué quiere comer,
que la cantes una canción
o cogerla de la mano.
Me encanta verles
con pijama de invierno,
es de las cosas que más
echo de menos
en los meses con ausencia de frío.

Así que como colofón,
ya solo nos queda
cobrar la nómina a tiempo
para hacer frente
a nuestras facturas
y económica doméstica.
La historia no está
en cobrarla dentro
de la legalidad de los días,
sino dentro de 
dignidad de las personas.
A finales de enero
hemos cambiado tanto de opinión
y hemos caído tantas veces
en contradicciones,
que de las pocas cosas
que te hacen ser consecuente
es sacarte el abono
del mes siguiente.

Los eneros siempre 
han sido un espejismo,
son los febreros
los que te ponen en tu sitio.

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