de las partes implicadas
miente, oculta y obvia
información objetiva
por una serie de (des)intereses personales,
se materializan la corrupción,
la manipulación e incluso la coacción.
Esta es la conclusión
más neutra y dura
que se me ocurre.
Además, cuando nada de
lo anterior ocurre,
pero deliberadamente,
la transmisión de la información
es ambigua, enrevesada y deshonesta,
las precariedades sociales
salen a flote.
Y es que aquí
no se están juzgando
las opinones personales,
tan lícitas unas como otras
mientras se respeten
los derechos civiles
y por tanto humanos,
también los de los animales
y los de cualquier ser vivo.
Aquí se pone en jaque
utilizar el poder, el prestigio
y el estatus
para conseguir
unos objetivos concretos,
individuales e insolidarios.
Cuando el servicio público
de la información
no se utiliza para ejercer justicia social,
para defender a las minorías vulneradas,
para perpetuar cualquier
concepto democrático, emancipatorio
y comunitario,
pierde todo su sentido.
Cuando cualquiera
de sus partes implicadas,
insisto,
utiliza argucias y trampas,
estretegias revisionistas
y atajos poco éticos,
la esencia de los valores,
la moral y los verdaderos significados
se pierden.
Por eso,
a las cosas por su nombre
y con sus definiciones cerradas
sin ningún lugar a dudas.
De esta manera,
no puede haber confusión
a la hora de posicionarse
en un lado o en otro.
Claro que están los grises,
claro que cuentan los matices,
pero universalmente
las cosas son lo que son,
aunque la nueva horda
de antisistemas disfrazados
quiera desvirtuarlo todo.
Me refiero a los dueños
de los medios
y a los vértices verticalizados
de las grandes empresas.
Tal y como yo lo veo,
deberíamos tomar partido
sin equidistancias
sea cual sea tu opción,
sin miedo y con transparencia,
con el portal barrido
y dispuesto para que entren
todas las que quepan
y todo lo diverso.
Lo demás son malas decisiones
que aposta o no,
nos hacen retroceder
tanto en lo individual
como en lo colectivo.
Mi portal siempre limpio y accesible.
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