La gente
de muchos
aspavientos,
poca clase
y más drama
que una película.
Esa gente
que se cree
única
y diosa;
el ombligo
del mundo
de un cordón
umbilical
mal cortado.
Esa gente.
A esa gente
os digo
sin gritar
que no merecéis
la pena
ni mucho menos
la alegría,
que solo
sois excusas
de un momento
cualquiera,
irrelevante.
Esa misma gente
de siempre,
doliente,
consciente
o
inconsciente,
pero gente,
la misma de siempre.
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