hasta cuando
parece
que no hay
herida,
casi por
arte de magia,
tus dedos
sanan
todo aquello
que tocan.
Qué privilegio
el de ser
parte
de tu deber,
el de tomar
protagonismo
en tu honor.
Dan igual
la gravedad
de los hechos
porque tú
no juzgas
los hechos,
tu envistes
inmolándote
mediante un
acompañamiento
incondicional,
dispuesto
a morir,
juntos.
Y es que
al lado,
solo nos
han pasado
cosas buenas,
y distanciados,
hemos combatido
los males
impuestos.
No son las
veces que te veo
sino la mirada
que te tengo.
Un café,
una cerveza,
una copa,
abstemios,
revueltos
y rebeldes,
el silencio
gritando
lo que tenemos.
La dignidad
de poder
contar contigo,
hermano,
batalla,
suya mi guerra.
Cuando veas
el cartel de
"Bienvenido al paraíso",
sabrás
que le has llegado.

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