Canosas camaradas
desde la adolescencia
la rabia y la barba.
Después vinieron
los sueños,
pero la rabia y la barba
no desaparecieron.
Barbarie.
Rabia de clase,
clase de barba.
Identitarias.
Comprometidas y apegadas.
Farragosas, onduladas, umbrías.
No sin ellas.
No son tapaderas,
sino pisos francos
desde los que atentar.
Canceladas.
Que nunca tengan el sueño tranquilo.
Sin excusas,
desde la garganta
y apretando el labio
con los dientes
para no normalizar
el dolor.
No es natural sufrir.
Ante la mentira
más rabia, más barba.
Mi barba huele a tabaco,
mi rabia brota del corazón,
mi rabia huele a campo
mi barba brota de mis hijas,
desde sus pies hasta sus puños.
Mi rabia y mi barba milicianas,
banderas y matrias.
Pocas personas me conocen
sin barba,
pero es que ninguna
me conoce sin rabia.
Así debe ser y será.
Mi rabia me da alas,
mi barba me da las ganas.
La rima de dos sustantivos
tan adjetivados
que los verbos
pierden el sentido.
Volver a casa
perdidas por carreteras
libres, sin transitar,
prosaicas y maravillosas.
Mi rabia se canta,
mi barba dignifica,
huelguistas e insumisas.
Alcanzarlas con las
puntas de mis dedos
y rozarlas para
sentirme vivo y completo,
aunque el concepto de completitud
se equivoque
al haber siempre
una lista de necesidades
que esperan su turno.
Barba trinchera,
rabia a disparos,
revolucionarias,
mis mares anchos.
Que ardan
autodeterminadas
sin apoyar las rodillas,
con la mirada bien alta
y me avente la garganta.
Caja, bombo y platillos,
tiro en la nuca.
De la luz a la oscuridad,
llévame,
te estoy esperando
para acabar contigo.
Mi rabia pública
y mi barba solidaria,
portal de transparencia.
Letras barbudas,
significados rabiosos,
multiculturales, inclusivas, indómitas.
Una barba empoderada
que no silencie a la rabia,
estructurales,
himnos,
lemas.
Mi rabia y mi barba,
la reyerta
que nos hace falta
a todas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario