que cualquier infancia
reproducirá sin error
juegos a los que tú jugaste.
Quién no iba saltando
el paso de cebra
pisando solo las rayas blancas,
o las baldosas rojas de la acera,
o el bordillo para hacer de equilibrista.
Quién no ha cerrado los ojos
para caminar
con sus manos por delante
y sentir cada obstáculo,
cada barrera, cala límite físico.
Quién no ha jugado a coger
con sus dedos el sol,
un rascacielo a lo lejos,
todo un campo cubriendo
el horizonte.
Quién no ha jugado
a saltar, a saltar muy alto
superando tu propia
estatura con el impulso.
Quién no ha jugado a correr
para echarle una carrera
al autobús,
y ganarle.
Quién no ha jugado
a contar sus pestañeos,
a no respirar
para ver cuánto aguantas,
a guiñar los ojos
como si fueran disparos.
Quién no ha jugado
a inventarse canciones
con palabras nunca dichas,
a vaciar una piscina
haciendo la bomba,
a gritar alto y fuerte
para proyectarte
a kilómetros de distancia.
A quién no le han subido
a hombros para llegar
a las hojas de los árboles,
a quién no le han hecho dar
una voltereta con las piernas
abiertas y los brazos por debajo.
Quién no ha jugado
a hincar palos
en las mierdas,
a arrancar hojas de los arbustos,
a tirar piedras por las rejillas
de ventilación.
Quién no ha jugado a dar de comer,
a acunar a un muñeco,
a hacerse el dormido.
Quién no se ha hecho una casa
con el sofá del salón,
a colgarse de las cortinas,
a esconderse en un armario.
Quién no se ha metido
debajo de la cama
para jugar con sigilo,
a enrollarse en un columpio
para salir despedido,
a tirarse de pie por le tobogán.
Quién no ha jugado a ponerse
ropa de sus pamadres,
a experimentar con palabrotas,
a buscarse el latido del corazón
por las diversas partes del cuerpo.
Quién no ha jugado
a recortar revistas,
a hacer montañas de libros,
a trasvasar garbanzos
de un bote a otro.
Quién no se ha pintado
los labios, las uñas o la cara
¿Quiénes?
Quién no ha marcado un gol,
una canasta, un dardo en
el centro de la diana.
Quién no ha jugado a que
el globo no toque el suelo,
a construir presas
para que no pase el agua,
a intentar vaciar de arena
una playa entera.
Quién no ha jugado
a hacer mímica,
a leer los labios,
a contar secretos.
Quién no ha jugado
a l@s médicos,
ni a ser putos policías
e injustos ladrones.
Quién no ha jugado
a darse la mano,
a pillarse,
a asustarse.
Quién no ha jugado de puntillas,
a mirar con el rabillo del ojo,
a soplar fuerte
para derribar la meritocracia
del cerdito trabajador.
Quién no ha jugado a rimar,
a las adivinanzas,
al veo-veo en el coche
de viaje por vacaciones.
Quién no ha aplastado
una hormiga sin que le vieran,
a patear el break de zumo
que alguien no tiró
a la basura,
a dar vueltas hasta el mareo
en la barandilla del Metro.
Quién no ha jugado a reptar
por el suelo,
a jugar descalzo
con todos los nervios
del pie al descubierto,
a hacer ritmos con las cacerolas.
Quién no ha jugado
a taponar el grifo de la fuente,
a conducir desde
el asiento de atrás,
a tapar montañas
con la palmas de tus manos.
Quién cojones
no ha saltado un tramo
de escaleras entero,
quién no se ha sentado
en el respaldo de un banco,
quién no se ha inventado
un juego con el cordón
de su zapato.
Quiénes coño no han jugado
a hacer burla,
a imitar cada movimiento,
a no reírte en un serio.
Quién no ha despegado un cartel
de la marquesina,
a jugar a cazar con el matamoscas,
a comerse un hielo.
Quién no ha jugado
con los botones de las tragaperras,
de las putas tragaperras
que ahora son inamovibles
Casas de Apuestas,
a quién lo han balanceado
con una sábana
cantando el aserrín aserrán,
quién no ha estirado el chicle
hasta reventarlo.
Quién no haya pisado charcos
no tiene madre,
quién no ha jugado
a abrir la boca
para comerse la lluvia,
quién no ha jugado a darle
vueltas a una moneda.
Quién no ha pegado cromos,
o pegatinas, o papeles
con pegamento de barra,
quién no se ha puesto
zapatillas con diez tallas
más que la suya,
quién no ha jugado
a hacer un remolino debajo del agua.
Quién no se ha fabricado
unas gafas con las manos,
un parche pirata,
unos prismáticos.
Quién no se ha subido
al carro de la compra,
dentro de una caja
como su hermano gatuno,
quién no se ha acariciado
con el pelo de su madre
estando metido
debajo de su camiseta.
Estos son solo
algunos ejemplos
entre millones,
de las cosas
a las que siempre
podremos volver
para jugar.
¿Cuáles son los tuyos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario