viernes, 30 de julio de 2021

Noche de verano

Cada pecaminoso verano
nos deja
una o dos noches
para soñar tranquilas.
Esa especie
de respiro familiar
que se necesita
de ve en cuando
y que lo aprovechamos
como una regalo de reyes.
Cuando por las ventanas
no entra polvo
ni una furia caliente.
Cuando las sábanas
vuelven a ser amigas
y el suelo pasa a ser
la última opción.
Cuando encima
hay un poquito de agua
de por medio
para regar el asfalto
que tanto duele
por la tarde.

Esas noches 
con las que no contabas,
son como
la llamada
que tanto tiempo
llevabas esperando.
Lavarse los dientes
y saberse fresco
el aliento,
conjuga a la perfección
con arroparse sin miedo
a finales de julio.

Las noches de verano
en que,
sin celebrar a las brujas
también conseguimos sonreír,
son noches que hay que mirar
como las primeras
de un recién nacido.

Por fin,
una tipología de noches
que no son 
un mero trámite,
sino la recompensa
de lo que sabemos de sobra
que nos merecemos.

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