viernes, 7 de mayo de 2021

No me fiscalices

Las fiscalizaciones
son para los carceleros,
el resto son medidas
de autoridad para seguir
manteniendo el poder.
La confianza hacia
los subordinados
nunca estuvo
tan cogida con pinzas.
La clave está
en atreverse
a manifestarlo.
Levantar la mano
dejándola abierta
para crear una
barrera simbólica
que defina
cuál es su espacio
y cuál es el tuyo.

Defender tus acciones,
amarlas con delicadeza
y blindarlas con
un marco teórico
para que ningún juez,
ningún jefe,
ningún compañero
pueda dirigirse a ti
desde una tarima
de arriba hacia abajo.
Todo lo contrario,
las exigencias
deben ir desde
las de abajo
hacia los de arriba
para que precisamente,
esas situaciones 
de superioridad,
no perjudiquen
siempre a las mismas.
Y lo haremos
con lar armas
que tengamos,
las que cada una
pueda disponer.
Y las utilizaremos
con fuerza y ánimo
de justicia
como el documento
de garantías firmado,
que si no se cumple,
se va a la hoguera
con todo el barco.

A mi no me fiscaliza
ni tu Dios.
A mi me propones,
me orientas
con flexibilidad,
me ofreces alternativas
y me favoreces
la capacidad de decidir
por mí mismo.
Si no jugamos
en estos términos,
no pienso
jugar contigo,
y lo peor
que le puede pasar
a una persona
aparte de morirse,
es que se le haya
olvidado jugar,
es que nadie quiera
jugar con ella,
es perderlo todo
con toda la vida
por delante.

No me fiscalices
por encima del hombro,
ni por debajo,
no lo hagas,
porque me subo
a una banqueta
y te meto un capón
con la barbilla
para que por una vez,
seas tú
quién se quede
con la boca abierta.
Fiscalizar
sólo lo harán unos pocos,
el resto les acorralaremos
para no volvernos
a sentir inferiores.

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