Los cuellos
rígidos
a sesenta grados
mutilan
los cerebros
perdiéndose
su película
favorita,
la escena del beso.
No levantar
la mirada
puede significar
no llegarle
a conocer,
no llegarla a ver.
Te pierdes
ensimismad@
lo estéticamente
real,
la piel caliente,
el olor penetrante.
No es lo mismo
retorcerse
el cuello
por causas
digitales,
que por
motivos
humanamente
literarios.
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