Es bonito colocar
las palabras
y decorarlas,
soltarlas en cascada
desnudas,
acompañarlas
de compañía,
que no se
sientan solas.
Darlas una cura
de humildad,
por si acaso.
Utilizarlas
en la guerra,
en la cama,
siendo estos
el mismo sitio.
Contrastarlas
entre gritos
y susurros
donde no haya
perdedoras.
Ponerlas
botas de agua
cuando llueva.
Llevarlas
al parque
para que
jueguen.
Aprenderlas
y utilizarlas
para que no
caigan en el
olvido.
Registrarlas
en la piel,
a fuego
a tinta.
Darlas besos de
buenas noches,
lavarlas la cara
en la mañana.
Alicatarlas
en baños
compartidos.
Arrastrarlas
en agonía
fusiladas
con el último
aliento
¡shhhssss!
Éstas nunca se van.
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