Otra vez mi abuela:
- Hijo, jamás pensé que ahora, en la recta final de mi vida, fuese a pasar por lo que estoy pasando.
No es tan importante la causa de la problemática como la contundencia de la frase para sentir propio este relato.
La señora llora completamente desolada, muerta en la vida de las emociones positivas compartidas; no se sostiene, soltó la mano a la esperanza que tanto afecto tenía hace ya muchos años. No comprende ni entiende, por más vueltas que le da; su reflexión antigua no aplaca sus miedos ni la calman sus sollozos de niña. Aquí ya nadie protege, ni defiende, porque las instituciones tradicionales no son ya viables, ni siquiera la familiar. Déjemonos de cuentos, estamos hartos de las tretas. El desgaste que conlleva pertenecer a una generación y luego pasar a otra, y luego a otra y a otra, no es vida sana para ningún mortal. Hasta los cojones de los hijos, los hermanos y los padres. Tonterías las justas. Si no pienso como tú, que lees esto, no pretendo afligirte, sólo quiero desnudar la realidad de la que me empapo diariamente. Ojalá estas palabras no sonasen poéticas, sólo navajas. Familiarmente me encomiendo a no legitimar jamás a nadie simplemente por cercanía sanguínea, sentimental o no, lo que está podrido (como parte de uno mismo) hay que sajarlo y extraerlo sin contemplaciones. Que las creencias de lo que nos dijeron que deben formar parte de uno mismo toda la vida...SE EXTINGAN...y dejen de hacer daño, ya nos las apañeremos. Los lazos y las uniones no son eternas, como no lo soy yo, pero lo que si soy yo, es tijera afilada que corta el hilo de hierro que me oculta en el charco de lodo. No promulguéis perdón, porque no lo habrá para los malvados, vivan en casa o fuera de ella. ¿Y dónde se pone el límite? os preguntaréis. Pues bastante limitad@s estamos ya como para seguir marcando la misma puta pauta de siempre ¡Qué ya está bien! ¡Qué no paso más por el aro! Conmigo no contéis, porque a pesar de mi día tóxico, tengo recursos suficientes (éticos-morales) como para distanciarme sin billete de vuelta, incluso, al de las futuras tumbas.
-Déjame que te bese abuela- la dije sin darla opción
Y las lágrimas se transvasaron de una mejilla a otra sin saber donde desembocarían...
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