siempre fue un ejercicio
de memoria histórica
para con l@s mí@s
y ella,
solo ella.
Hasta la afonía.
Muerte a El Hormiguero
y que viva El Homanaje.
Encontrarse un domingo
cualquiera con aquellos
viejos recuerdos,
que para nada son antiguos,
y sentir de nuevo
el poder del 3 de marzo
no sabe nadie lo que significa
excepto yo.
Con unos cascos 🎧
inalámbricos,
l@s cachorr@s revoloteando
y las lágrimas brotando.
No tengo claro
si fueron tiempos mejores
aunque sí distintos,
pero sé de sobra
que merece la alegría
recordarlos.
Por l@s que estuvieron
y ya no están,
por l@s que no pudieron estar
aunque hubiesen querido,
por l@s que no estuvieron
porque no existían todavía,
pero sobre todo
por l@s que estuvieron
y siguen estando.
Mis héroes y heroínas
que todavía perviven
en el campo de batalla.
La creación compositiva
de aquel texto
forma parte de mi obra magna,
mi ópera prima
con un leitmotiv
inconfundible e irreversible,
es decir,
que no tiene vuelta de hoja,
que es lo que es.
Para quien quiera entender:
FILOSOFÍA.
No me cansa la emoción
de revisitarlo
y no me avergüenza
ni una de sus fases,
tan honestas, sinceras y absolutas
como la realidad incipiente
de aquel momento.
Puede que otras tantas
ya hayan perdido el sentido,
pero no sería justo
restarle mérito
a cada significado del pasado.
Me sé de memoria
cada palabra,
cada pausa ⏸️,
el tono, la cadencia, el volumen,
el arraigo.
Sé exactamente la ubicación
de cada persona,
el motivo por el que acudió,
las partes de sus vidas
que se unen con las mías.
Aquel día recité
que me podía
morir tranquilo.
No mentía.
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