el cachorro mayor
sacó de su mochila
una notita de papel
doblada 10 veces.
Minúscula y reconocible
universalmente
por tod@s l@s
que hayamos pasado
por esos espacios
generalmente pequeñ@s
para tanta ratio
con sillas y pupitres desgastados.
Una niña le había escrito
el mensaje 📨 de "Hola Enzo";
él contestó con un
pequeño símbolo.
Me desconcierta
cómo sin haber visto
a nadie utilizar maravillosas técnicas,
generación a generación
reproducimos las mismas
estrategias desde una intuición
social inaudita.
Me alegró saber
que con 6 años
ya busquen la manera
de comunicarse en espacios
que solo van en una dirección.
Asumir el riesgo
siendo consciente
de las posibles consecuencias
me parece que,
dependiendo la situación,
es necesario y por qué no
divertido.
Me hizo gracia
y me conmovió
hasta sensaciones
que ya tenía casi olvidadas
y pensé en las maneras
en qué nos construimos
y vamos desarrollándonos
como sujetos conscientes,
autónomos y críticos.
Mandarse notitas
no hace daño a nadie,
aunque está claro
que el momento
no es el acertado.
Pero sucede
y acabo de comprobar
que va a seguir
sucediendo pase lo que pase.
La desagracia es que
en ocasiones
te vas a acordar más
del remitente
que de una larga lista
y ristra de profesores/oras
que no han significado
nada para ti
más que un mero
trámite para pasar de curso
y un acompañamiento de mierda.
A mí, a veces,
ya se dirigen de usted,
pero hasta hace bien poco
guardaba notitas, cartas y agendas
de hace más de veinte años.
Hijo, te animo
a seguir coleccionando
experiencias, recuerdos
y por qué no notitas de clase.
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