símbolo obrero
por antonomasia.
Mi primer trabajo
fue en una fábrica de medicamentos
con 17 años,
pero no es lo mismo
haberlo hecho entonces
que veinte años después
de formación, aspiraciones,
expectativas y trayectoria
en otros ámbitos.
No significa lo mismo
económicamente,
ni socialmente,
ni biológicamente.
Pero son lentejas,
o más bien callos y oreja.
Amanecer muy temprano
para "levantar el país", dicen.
Las madres llevan siglos
levantando el país
desde la oscuridad 🌑
y han sido silenciadas y ninguneadas.
Y siguen siendo asesinadas
por el hecho de ser de mujeres.
Cualquier trabajo es válido
como medio
para sobrevivir
a las violencias del sistema,
pero ninguno de ellos
nos dignifican en esencia.
La fábrica y su
modelo de producción,
mecaniza huesos, articulaciones
y hasta corazones.
Campan a sus anchas
cucarachas 🪳 humanas 👥,
tiranía organizada
y peña equidistante
y desclasada.
Fábricas de hormigón
por fuera
y prefabricadas por dentro.
Fachadas.
El caso es que gracias
a la fábrica
que nunca se contempló
como opción,
hoy es la que mañana
nos permitirá seguir
dando los pasos desafiantes.
Así funciona la movida
y por muy duro que sea
toca aguantar,
apretar los dientes,
cerrar fuerte los puños,
cabeza fuerte y emergente.
En la vida casi todo
son urgencias,
pero nosotras siempre
hemos visto la oportunidad
que se esconde
tras las piedras,
las trampas o los cruces.
¿Cómo se puede sentir
frío y calor al mismo tiempo?
Se puede.
¿Te puede raspar la garganta
mientras te hieres la piel
por la superficie?
Se puede.
¿Se puede aguantar
un cansancio extremo
con un sueño absoluto?
Pues claro que se puede.
En esas está.
En la barbarie del día a día,
como todas.
Ni más ni menos.
Ni mejor ni peor.
Pero posicionada
y convencida
en lo de emocionarse
por el compromiso
consigo misma
y con para con l@s demás.
Nadie dijo que fuera
a ser fácil.
Pero que nadie
nos diga tampoco
si podemos odiar
y a quien podemos odiar.
_A tus rabias, pero sobre todo
a tus sueños _
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