a través de un ritual
de movimiento típico
de los bailes tribales,
pero aquella noche
algo cambió.
Brotó un gimoteó insólito
que no concedió
el baile nocturno.
Pensé que le dolía la tripa
y de lo que padecía
era del corazón ❤️🩹.
- ¿Qué te pasa, hija?
+ No quiero ir al cole, papááááá...
Rompe a llorar
y la acomodo en mi cuerpo
como cuando era bebé 🍼,
con su pelo pegado a la cara
por las lágrimas contenidas
de sus jornadas en solitario.
Le acaricio la tripa
para sanar la angustia
y le beso 💋 la cabeza
para hacerla sentir en paz.
Respira agitada y conmovida
por todo lo que echa de menos
y reposa sus nervios
con mi cuerpo planeta 🌍,
el mismo capaz de albergar
todos los miedos
y todas las soluciones.
Se calma oceánica
como un delfín 🐬
que juega inocente
sin miedo a ser atrapado.
La poso en la cama 🛏️
habiendo conquistado la calma
y anulando sus miedos.
Pero la preocupación sigue estando,
la de día tras día
en el momento de superar
el umbral de una puerta 🚪
sin atisbo de planificación,
sin nadie que se agache,
sin nadie que la reciba
con las palabras adecuadas.
Y no me extraña,
a mí me pasaría lo mismo,
quién quiere quedarse
en un sitio desconocido
donde priman las normas
sin que se exija
la necesidad de un vínculo.
Nadie, os los aseguro, nadie.
Cuando Gala llora en la cama
de noche y manifiesta
no querer ir al cole,
no es porque le tenga miedo,
sino porque siente desconfianza
y una inseguridad
que la confunde.
Es tarea de la maestra
garantizarle un espacio
seguro y de bienestar
en lugar de exigirle
que se mantenga sentada,
que escuche o no llore.
Resulta insuficienciente,
compañera de segundo ciclo,
que te pongas un
delantal de colores 🌈
y estimulante
para ocultar tus mediocridades
que conforman tu precariedad.
El tipo de autoridad
que emanas
no ayuda en nada
en el proceso de acogida,
pero me ayuda a entender
de dónde vienes
y cómo procedes
para compensar en casa
lo que tú no intentas.
Eres un reptil con alas
derivado del Jurásico
y mi hija no va a ser tu presa,
en todo caso flor silvestre
que te transforme en herbívora
para que comprendas,
de una vez por todas,
la importancia de
un buen acompañamiento.
Así que lloraremos
todas las noches
que haga falta en la cama,
pero seguiremos
educado a las adultas
para que las que lloren sean ellas.
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