lunes, 6 de octubre de 2025

Llorando en la cama

Ella concilia el sueño 🥱 
a través de un ritual
de movimiento típico 
de los bailes tribales,
pero aquella noche 
algo cambió.
Brotó un gimoteó insólito 
que no concedió 
el baile nocturno.
Pensé que le dolía la tripa
y de lo que padecía 
era del corazón  ❤️‍🩹.

- ¿Qué te pasa, hija?
+ No quiero ir al cole, papááááá...
Rompe a llorar
y la acomodo en mi cuerpo
como cuando era bebé 🍼,
con su pelo pegado a la cara
por las lágrimas contenidas 
de sus jornadas en solitario.
Le acaricio la tripa
para sanar la angustia
y le beso 💋 la cabeza
para hacerla sentir en paz.

Respira agitada y conmovida 
por todo lo que echa de menos
y reposa sus nervios
con mi cuerpo planeta 🌍,
el mismo capaz de albergar
todos los miedos
y todas las soluciones.
Se calma oceánica 
como un delfín 🐬 
que juega inocente
sin miedo a ser atrapado.
La poso en la cama 🛏️ 
habiendo conquistado la calma
y anulando sus miedos.

Pero la preocupación sigue estando,
la de día tras día 
en el momento de superar
el umbral de una puerta 🚪 
sin atisbo de planificación,
sin nadie que se agache,
sin nadie que la reciba
con las palabras adecuadas.
Y no me extraña,
a mí me pasaría lo mismo,
quién quiere quedarse
en un sitio desconocido 
donde priman las normas
sin que se exija
la necesidad de un vínculo.
Nadie, os los aseguro, nadie.

Cuando Gala llora en la cama
de noche y manifiesta
no querer ir al cole,
no es porque le tenga miedo,
sino porque siente desconfianza 
y una inseguridad 
que la confunde.
Es tarea de la maestra
garantizarle un espacio 
seguro y de bienestar
en lugar de exigirle 
que se mantenga sentada,
que escuche o no llore.

Resulta insuficienciente,
compañera de segundo ciclo,
que te pongas un
delantal de colores 🌈 
y estimulante
para ocultar tus mediocridades 
que conforman tu precariedad.
El tipo de autoridad 
que emanas 
no ayuda en nada
en el proceso de acogida,
pero me ayuda a entender
de dónde vienes
y cómo procedes
para compensar en casa
lo que tú no intentas.

Eres un reptil con alas
derivado del Jurásico
y mi hija no va a ser tu presa,
en todo caso flor silvestre 
que te transforme en herbívora 
para que comprendas,
de una vez por todas,
la importancia de 
un buen acompañamiento.
Así que lloraremos 
todas las noches
que haga falta en la cama,
pero seguiremos
educado a las adultas
para que las que lloren sean ellas.

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