las que gobiernan la Puebla
creyéndose líderes los humanos,
inservibles, estos últimos,
para cuidar el campo.
No conmemoramos
la proclamación de la II República,
homenajeamos la partida
de nuestra hija de perra
hace dos años
con niebla, frío y lluvia,
su último viaje.
La chimenea, el techo caliente
y caminar descalz@s
son rituales rurales
que nos hemos acostumbrado
a teñir de blanco,
como el hielo y la nieve
por la que nos deslizamos
para dar comienzo
a la primavera.
Unas primaveras inusuales
de hierba húmeda
y columpios mojados
regentados por una ermita
que aguarda el verano,
las playas y las cañas de madera.
Un único ecosistema
que reúne y colecciona
junglas, ríos y bosques frondosos.
El canto a la naturaleza
con abundancias de progreso,
cuidados y humildad.
La excursión 🥾 para abrirle
las puertas al campo,
bibliotecas polideportivas
y postales antiguas.
Los días son más largos
y las carreteras son igual
de sinuosas.
Caminos, animales
y cielos fortalezas
asediados por generaciones
de lagartijas 🦎🦎
que no interrumpen
la tranquilidad de nadie.
Ni cruces, ni santos
ni procesiones invernales,
solo caminantes-visitantes
con experiencias urbanizables
y actitudes comunitarias.
En pijama, en chándal y desnudas,
para que la brisa helada
golpee de lleno
en las partes insensibles
que dejamos de lado
el resto del año,
pero que con cada estación,
menos en otoño,
redescubrimos despojadas
de incorruptas intenciones.
Es la balada Santa
que anhelo
desde hace un tiempo,
la de escaparnos
sin mirar atrás 🔙,
ni remordimientos,
ni condimentos.
Dispuestas y abiertas
a florecee de nuevo,
como quien resucita
o se reencarna
en algo nuevo
de lo que no se creía posible.
En la alta montaña
obtendremos todas las respuestas
a las preguntas
que nos surgen
en las rutinas asfaltadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario