un mes fetiche para mí
y sin embargo,
este año,
no he producido
todo lo que me hubiera gustado.
Eso sí,
la lluvia ha regado
toda la ausencia de palabras
y ha inundado todos los huecos
de mi mediocridades.
Ya hasta el crecimiento
de los pantanos
sirven para crear bulos.
No hay descanso ni paz,
para l@s que que queremos
vivir tranquil@s.
Tampoco conformidad
por una temporada estacional
pasada por agua.
Nunca es suficiente
o siempre es demasiado,
no hay un punto de equilibrio
El mes de abril está
en medio
de todo lo que esperábamos
desde hace tiempo
y todo lo que no queremos
que llegue.
Pero a mí siempre me colma
de poesía, ideas delirantes
y conclusiones aplastantes.
Como digo,
esta vez no ha sido el caso;
en esta ocasión
me he dejado llevar
sin prisas ni presiones,
sabiendo que tengo
cuentos de meses
para cumplir mi palabra.
Regular la autoexigencia
es positivo
para nuestro día a día
porque ¿para qué o quién
forzamos tanto la máquina?
La gran mayoría de veces
no es porque queramos
o lo necesitemos,
sino porque nos instalamos
en la inercia de lo que
se espera de nosotr@s
con recompensas banales
y más que interesadas.
Insisto en el tiempo,
en el clima,
en los avisos,
en las alertas,
en las sorpresas,
en la urgencia de no mirar a otro lado.
Urdir un plan es necesariamente
convincente,
como para que los próximos abriles
intentemos estar a la altura
de las circunstancias,
sean lluvia, mates o torrentes.
¡Ánimo, coleguis!
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