muchos años
con el cerebro 🧠 desconectado
y nunca ha saltado
ninguna alerta.
Otra anécdota para
la colección
en la que todo el mundo
sabrá perfectamente
dónde estaba y qué hacía
cuando dieron la noticia.
A mí me pilló
volviendo a casa
con mis cachorr@s
de unos piquetes informativos
tras unas jornadas de huelga.
Al mayor le entró la preocupación
y su manera, reflexionó
sobre las posibles consecuencias.
Preguntas tales:
¿Los aviones no funcionan?
¿Ni los coches?
¿No vamos a poder comer?
¿Los pedos dan luz?
Ojalá tocando un tambor 🥁
fuera pareciendo la luz.
¿Te imaginas que la luz se va
y el sol no funcionase?
¿Ahora somos un país pobre?
Ya en casa, de vez en cuando
presionaba insistentemente
los interruptores haciendo
sus investigaciones.
También se apoyaba en el sofá
mirando por la ventana 🪟
el panorama de la calle,
tal y como hizo en pandemia
sin ser conscientemente racional
de nada.
Yo también sentí temor,
y me lo olió contagiándose
hasta que llegó mamá
y los quedamos tranquilos.
Las posturas negacionistas
y los bulos,
una vez más,
comenzaron a correr
como la pólvora
para hacer de esta sociedad
"una sociedad más grande y libre",
única y anómala
en todos sus aspectos.
Nos estamos aficionando
a los eventos extraordinarios,
de tal magnitud persé,
que sorprenderse cada vez
es más difícil.
Así que salimos a la calle
en busca de encuentros aleatorios
que en otras circunstancias
no nos motivarían.
Provisiones, previsiones
e incertidumbres
es lo que ahora
inunda o da energía
a nuestras intenciones.
Así de simples y así de básicos.
El día del embutido sin pan;
el de la compra masiva de pilas
sin linternas 🔦 ni radios 📻
a las que aferrarse;
el de la profundidad de los cajones
dónde encontrar alguna vela 🕯️;
el día sin búsquedas en Google
ni cobertura con la que comunicarse.
Fuimos a pie 👣
como quien va a entregar
una carta al buzón 📪.
A preguntarnos a la cara
qué necesitábamos y
cómo podíamos ayudar.
Sin distracciones
y miràndonos a los ojos
gracias a un planeta
que nos avisa recurrentemente.
También a las empresas privadas
y los poderes fácticos,
para que no se nos olvide
quién manda y quién decide
en última instancia.
Y nos acostamos temprano,
como siempre,
sin saber cuándo
volvería la luz;
cada cuál con sus preguntas,
cada cualy con sus reflexiones.
Al día siguiente "normalidad",
toda la que se podía,
con una nueva jornada de huelga
y familias más conscientes,
pero no por la profesión,
sino por sus propios e individuales
intereses.
Allí estuvimos,
allí nos pudisteis encontrar.
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