de los privilegios de género
aunque no sea consciente.
Tener pene
te pone por delante
de muchas personas
y de muchas cosas
aunque no quieras
aprovecharte de ello.
Duele la injusticia
de actitudes totalmente
no solo normalizadas,
sino aceptadas de buen agrado
por la gran mayoría.
Da igual el ejemplo,
el caso o la situación,
partimos con ventaja
por sobresalirnos una cosa
por debajo de la cintura.
Nosotros compitiendo
por cuánto sobresale
y el resto sufriendo agresiones,
acoso y coacción.
Por más vueltas
que le doy
no sé cómo escapar
de esta.
Pese a la concienciación
y el compromiso a partir
de la palabra y la acción,
los privilegios
nos siguen lloviendo
del cielo como
si fuera una ley sálica.
Pienso en ello
y sufro la vergüenza
y en este caso sí,
el agravio comparativo.
Lo siento
por la parte
que me toca,
pero seguiré
posicionándome transparente
y a gritos si hace falta,
porque cada vez
me cuesta menos entender
que por perder las formas
no tienes porqué perder
la razón.
Claro, yo no soy víctima
de esa desesperación,
de esa rabia
que te consume por dentro,
de esa inaccesibilidad
aunque todo parezca
a un paso de distancia.
Joder con la puta
herencia histórica y cultural
y joder con seguir reproduciendo
esta mierda de roles
y ejecutando actitudes
y comportamientos criminales.
Los privilegios de género
pasan por encima
de nuestras convivencias
en casa, trabajo, calle
y cualquier lugar
que nos imaginemos.
Si lo detectamos,
habría que señalarlo,
marginarlo
y encender el lanzallamas,
sin rehenes ni prisioneros.
Y si no lo detectamos,
crucemos dedos
para que exista alguien
a nuesro lado
que nos pare los pies
y nos corte el pene
si hiciera falta.
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