digo a Enzo, a solas,
que es la persona a la
que más quiero en el mundo.
Como tampoco es mentira
cuando le cuento a Gala,
a solas, que es la
persona que más quiero
en el mundo.
Son dos realidades tan ecuánimes
como solemnes.
Una de mis funciones paternales
es la de hacerles sentir
importantes, unic@s, exclusiv@s
y la seguiré ejerciendo
tanto de manera colectiva
como por separado.
No es doble rasero,
es inteligencia emocional
y justicia individual.
Es lo más sincero
que hago en mi día a día,
mirándoles a los ojos,
tranquilo, tierno,
despojado de cualquier
hecho negativo
que haya acontecido
con anterioridad.
Y ell@s reciben su ración,
como si fuera la del oxígeno
para respirar
o la del H2O para hidratarse.
La piel, el oído y el corazón
se blindan con
un puñado de palabras
tan certeras, tan conmovedoras
que no hacen falta químicos
para aplacar ningún pesar.
No son tradiciones,
son más que eso,
rituales y códigos
que se inventa una misma
para justificar los pasos
que se dan en la vida.
El tiempo que pasamos juntas
y las oportunidades que tenemos
nunca son suficientes,
pero sí que son relativamente
motivo de aprendizaje
y excusa de progreso.
Nunca, nadie,
las cosas que os digan,
aunque sean las mismas
que las de mamá y papá,
van a significar lo mismo
ni tendrán esa
fuerza revolucionaria.
Ahora lo veis,
luego se os olvidará,
lo negaréis
y volveréis a intentar
recuperar esa sensación
con todas vuestras fuerzas.
Pero a nosotras no,
nosotras siempre la
tendremos colgando de la sien
porque y pese
a nuestros errores,
viviremos y nos mantenemos
en una fase única y lineal,
la de quereros
intensamente
por encima de cualquier
idea extraña o desconocida
que quiera conducirnos
a lo contrario.
Enzo, eres la persona
que más quiero
en el mundo.
Gala, eres la persona
que más quiero
en el mundo.
La única diferencia
es que al Tate llevo
más años contándoselo,
pero a ti, Gala, te lo repito
en más ocasiones y a solas
para que a mí,
me parezca justo y equitativo.
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