me sonó tanto a reproche
con las teclas del piano.
Una imagen
que no puedo borrar
de mi memoria
esquinado en la pista
del entonces Palacio de Deportes.
Nuestra Banda Sonora
desde la primera etapa adulta
consciente con esos mp3
de 28 canciones.
La Fuga en Ávila
matando a toreros,
Baja por diversión.
La balada,
las clásicas,
las míticas,
la nuestra,
que es de tanta gente
que creernos especiales
suena a contradicción.
La Fuga en La Riviera
con mi hermano del alma
como si estuviéramos
cruzando aquel puente
de Reinosa camino de la fábrica.
Pero es que también
nos dimos a La Fuga
precisamente en su tierra
de metales y nieves,
en un viaje exprés,
íntimo, montañoso.
Es un sentimiento único
y especial,
no porque sea mejor
que el de los demás,
sino porque es mío, nuestro,
y nos lo gestionamos
a nuestro antojo, sin filtros,
ni condiciones,
con goce, naturales.
Ahora también
lo comparto con gente
relativamente nueva,
y digo relativamente
porque ya va a hacer
diez años
que nos encontramos.
Sería mejor definirles
como más presentes,
diarias, habituales,
tendencia y necesarias.
Otra vez La Fuga
en una sala
en que no cabía
un alfiler,
pero nos movimos
sin dificultades,
a veces sigilosas,
a veces a hostias,
sudorosas y comprometidas
con cada nota 🎵.
Sois mi puta heroína.
No hay comentarios:
Publicar un comentario