sin poner el puto lavavajillas
y mientras la niña jugaba
con los botones
se vuelve a encender.
Pedimos una pastilla 🧼 prestada
y aquello salió
como los chorros del oro 🪙.
A veces y solo a veces
sin que sirva de precedente,
las cosas se arreglan solas.
O a lo mejor es que no
estaban rotas
y lo habíamos interpretado
erróneamente.
Lo fortuito y lo agradablemente
azaroso no suele aparecer
por arte de magia,
pero a veces pasa.
Generalmente para que
se puede arreglar algo
o a alguien
hay que depositar esfuerzos
y ganas, sobre todo
cierta voluntad de cambio.
No es el tiempo el que cura,
es la acción o las acciones
que ejercemos
sobre el mismo,
lo que provoca
que suceda algo distinto
a cuando una se queda
sentada esperando.
Es la diferencia entre
el Bucay descafeinado
y el aguardiente
de Galeano.
Ser arregaladora debería
de ser un objetivo a cumplir,
y si no estás lista,
rodeatey de ellas y aporta,
aporta lo que puedas.
Es común relegarse
por el no molestar,
por no importunar
excusándonos bajo
el manto del respeto
al espacio y al tiempo.
Seguimos sin entender
la importancia de las
palabras precisas,
de los momentos justos
y de lo que merece la pena,
la alegría o la pereza.
Disimular es un adjetivo
de mierda.
Es tramposo,
trumpista y Ayusista.
Querer arreglar
significar cuidar sin ropa,
ajustar cada matiz
por muy secundario
que nos parezca,
detallar cada punto
que sirva para
hilar el siguiente ⏭️.
Arreglémonos
a nosotras mismas
y a quiénes
nos den el permiso,
pero no callemos,
pidamos el permiso.
El no ya lo tenemos.
La oportunidad no ha de perderse.
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