domingo, 9 de marzo de 2025

Las cosas, a veces, se arreglan solas

Más de ocho años 
sin poner el puto lavavajillas
y mientras la niña jugaba
con los botones
se vuelve a encender.
Pedimos una pastilla 🧼 prestada
y aquello salió 
como los chorros del oro 🪙.

A veces y solo a veces 
sin que sirva de precedente,
las cosas se arreglan solas.
O a lo mejor es que no
estaban rotas
y lo habíamos interpretado
erróneamente.
Lo fortuito y lo agradablemente
azaroso no suele aparecer
por arte de magia,
pero a veces pasa.

Generalmente para que
se puede arreglar algo
o a alguien
hay que depositar esfuerzos
y ganas, sobre todo
cierta voluntad de cambio.
No es el tiempo el que cura,
es la acción o  las acciones
que ejercemos 
sobre el mismo,
lo que provoca
que suceda algo distinto
a cuando una se queda
sentada esperando.
Es la diferencia entre
el Bucay descafeinado
y el aguardiente 
de Galeano.

Ser arregaladora debería 
de ser un objetivo a cumplir,
y si no estás lista,
rodeatey de ellas y aporta,
aporta lo que puedas.
Es común relegarse
por el no molestar,
por no importunar 
excusándonos bajo 
el manto del respeto 
al espacio y al tiempo.
Seguimos sin entender 
la importancia de las
palabras precisas,
de los momentos justos 
y de lo que merece la pena,
la alegría o la pereza.

Disimular es un adjetivo
de mierda.
Es tramposo, 
trumpista y Ayusista.
Querer arreglar 
significar cuidar sin ropa,
ajustar cada matiz 
por muy secundario
que nos parezca,
detallar cada punto
que sirva para
hilar el siguiente ⏭️.
Arreglémonos
a nosotras mismas 
y a quiénes 
nos den el permiso,
pero no callemos,
pidamos el permiso.
El no ya lo tenemos.
La oportunidad no ha de perderse.

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