y despertó a su hermana.
Acudí enfadado 😡
a entornarles la puerta 🚪
y les grité:
¡Es muy temprano, joder!
La pequeña volvió a dormirse,
el mayor esperó hasta las 06.30
para levantarse
y sin hacer pis,
contarme reflexivo:
Papá, ayer en clase de Valores
trabajamos la palabra serenidad.
Significa que cuando
alguien te grita
debería tranquilizarse.
Ese fue su análisis
a partir de mi grito
media hora antes.
Si le hubiera preguntado
por el cole el día anterior,
sé que jamás me hubiera contado
su aprendizaje.
A partir de mi grito
y por tanto de mi error,
él relacionó un contenido
curricular con una experiencia
en sus propias carnes.
Llevaba razón,
su conclusión fue acertada.
Serenidad no es estar
tranquilo sin más;
tal y como yo lo entiendo
es mantener la calma
ante una situación
que te pone ciertamente
contra las cuerdas.
Él todavía no puede escoger
las palabras precisas
para configurar una definición exacta,
pero su pensamiento
está completamente amueblado
como para entender
en esencia los significados.
Mis compis se reían
cuando se lo contaban
por la lección aprendida
y por la susceptibilidad
de ser descrito.
Yo comprendí de nuevo
aquella estrofa
que me lleva marcando
mucho tiempo:
🎼 El niño entenderá
lo que su padre ignora 🎼
Callarse la boca
con actitud humilde,
manifestar el perdón
y escuchar sin ánimo
de contrarrestar
con un comentario
que no aporta nada,
debería estudiarse
en las universidades,
rezarse en las iglesias
y ritualizarse por las noches
al intentar conciliar el sueño.
Del error a la virtud
hay apenas un paso,
y la gente prefiere no darlo
por orgullo, egoísmo y rencor.
Yo ese paso lo doy todos los días.
Perdón y gracias, hijo.
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